Refugios antiaéreos en Guadalajara

La ciudad de Guadalajara fue bombardeada en numerosas ocasiones durante la guerra civil. En diciembre de 1936, el Palacio del Infantado fue destruido por uno de estos ataques aéreos, mientras que el Asilo y la Inclusa fueron el objetivo de un bombardeo la noche del 28 de julio de 1937.Para organizar la defensa de la población frente a esta amenaza, el alcalde de Guadalajara, Antonio Cañadas Ortego, había publicado un bando el 2 de septiembre de 1936 en el que se ordenaba a los propietarios de sótanos que, por un lado, declararan su existencia, ubicación y condiciones, y que por otro, se aseguraran de que estuvieran limpios, ordenados y con sus puertas abiertas.

La lista elaborada con las declaraciones de los vecinos contenía 83 sótanos utilizables como refugios, con condiciones muy dispares pero que en conjunto podían albergar a cerca de 4370 personas. El más grande era el de la calle Ingeniero Mariño 6, con capacidad para 150: otros sólo podían albergar 7 ó 10 personas. Los sótanos de edificios como el de Correos o del de la Guardia Nacional Republicana también se pusieron a disposición del vecindario: este último tenía capacidad para 80.

Estos sótanos ya existentes eran, sin embargo, insuficientes para la protección de la población civil: a lo largo de 1937 se emprendió la construcción de nuevos refugios, para la cual el Comité provincial del Frente Popular lanzó una campaña de suscripción de fondos. Los esfuerzos dieron su fruto y para 1938 Guadalajara contaba con 50 refugios antiaéreos públicos y 160 particulares: dos de los más importantes se encontraban bajo el Parque de la Concordia.

Autora: ACP

 

Bombardeos en Albacete

El éxito de la sublevación en la mayoría de la provincia de Albacete provocó la movilización de las columnas republicanas desde Jaén, Ciudad Real, Toledo, Madrid, Cuenca, Valencia, Alicante y Murcia. El 22 de julio cayó la ciudad de Hellín, el día 24 las columnas republicanas concentradas en Socuéllamos sitiaban Villarrobledo, lo que provocó la retirada de los sublevados, no sin antes volar las vías férreas. No sólo cayeron bombas para intentar fijar el posicionamiento de la población, también se lanzó falsa propaganda sublevada sobre las calles de Albacete con claras amenazas hacia la resistencia republicana:

¡Albacetenses! El movimiento militar que salvará España ha triunfado plenamente. (…) Invito a guardar a los ciudadanos el máximo orden como mejor medio   de cooperar al restablecimiento de la paz donde se ha alterado. El Estado de Guerra ha sido declarado en toda la provincia y sería doloroso verter sangre inútilmente ¡Viva España!

El 2 de enero de 1937, a las doce horas, coincidiendo con uno de los momentos de mayor circulación en las calles, los aviones de signo sublevado sobrevolaron y bombardearon Albacete. Se registraron un total de 10 muertos y 50 heridos, además de importantes daños materiales. Los proyectiles de hasta 50 kg de peso alcanzaron fundamentalmente bloques de viviendas del centro de la ciudad. Al día siguiente se produjo un nuevo bombardeo que no provocó más muertes

La noche del 19 al 20 de febrero de 1937 quedaría dramáticamente grabada en la memoria albaceteña. Aquel día, los aviones de la Legión Cóndor sobrevolaron la ciudad manchega y a las ocho y media de la tarde, según el testimonio del gobernador civil, se inició el bombardeo de mayor duración e impacto de toda la guerra en Albacete. La estación ferroviaria, donde se guardaban vagones cargados de material y avituallamiento de guerra, y los principales locales de las Brigadas Internacionales, repartidos por toda la capital, eran los objetivos de la aviación alemana. El ataque continuó, con incesantes bombardeos hasta la una y media de la noche. La población civil y la intendencia fueron la diana. Atendiendo al parte del Ministerio de Marina y Aire, los bombardeos de los acabaron con la vida de treinta personas y alcanzaron a más de un centenar de heridos, aunque en los días posteriores, el número de fallecidos ascendió hasta 83 personas. Este fue el episodio más traumático de la guerra civil para los albaceteños.

La impresión que causó el bombardeo en la población de Albacete y en las autoridades civiles y militares españolas fue enorme. Durante la semana siguiente al bombardeo, un tercio de la población civil -mujeres y niños- abandonó Albacete para refugiarse en los pueblos y granjas de los alrededores. Durante más de dos semanas, todas las tardes -a pesar del terrible frío que todavía hacía en febrero en la Meseta Central, cientos y miles de habitantes de Albacete salían con sus mantas para ir a dormir al aire libre, en los campos, bajo un árbol, al abrigo de los olivos, etc.-.

Tras este se siguieron produciendo bombardeos como el de marzo de 1937, del que a penas existe registro documental y el del 17 de septiembre de 1938, el último de todos, sin víctimas mortales, pero que causó la destrucción de al menos 30 edificios. Sin embargo, ninguno de ellos tuvo la importancia, gravedad y consecuencias del de mediados de febrero que supuso, sin duda, un punto de inflexión para la gestión de la vida en guerra en la retaguardia albaceteña. Tal fue el impacto de las bombas en la moral de la población y las autoridades que desde finales del mes de febrero de 1937 se iniciaron campañas de movilización de mujeres y niños desde la capital, considerada zona de guerra, hacia los pueblos de la provincia, para evitar así mayores daños en el caso de nuevos bombardeos del mismo calibre[5]. Del mismo modo, la desorganización, la actuación comprensiblemente irracional de la población y la falta de medios provocaron, de una parte, el agravamiento de los efectos del bombardeo y, de otra, la movilización política y social para acelerar el proceso de construcciones de refugios y defensas en la capital que se encontraban, hasta el momento, en un estado de letargo.

El principal objetivo de los bombardeos sobre Albacete fue conseguir la destrucción de las infraestructuras y almacenes de avituallamiento del ejército de la República y, fundamentalmente, de las Brigadas Internacionales, tal y como revelan los informes del Servicio de Inteligencia del bando sublevado. Los principales focos de interés eran el Parque de Automóviles, el Cuartel de las Brigadas (con especial énfasis de los almacenes de víveres), el Estado Mayor, la oficina de telégrafos, el edificio del Gran Hotel, el Café Mercantil, el Hotel Central, el Banco de España, el cuartel de las tropas españolas, el Casino Primitivo y el cuartel de artillería. Sin embargo, episodios como el del 19 de febrero en el que la población que huía al campo también fue bombardeada intensamente demuestran cómo la desmoralización, agitación y eliminación de la población civil era sustancia definitoria de estos ataques.

Autora: ANL

Refugio del Altozano

Refugio del Altozano. Exterior

Durante la contienda civil (1936-1939) la ciudad de Albacete sufrió, al menos, diez bombardeos llevados a cabo tanto por la aviación republicana durante la primera semana de la guerra, como por parte de la aviación del bando sublevado en el resto del periodo. La condición de la capital manchega como base de las Brigadas Internacionales, núcleo de recepción de refugiados y nudo esencial en la logística y el abastecimiento del territorio y el ejército republicano la convirtió en una activa zona de guerra. Ante la implantación del bombardeo a la retaguardia como una práctica común durante la guerra civil, las autoridades y la iniciativa privada se movilizaron para dotar a la ciudad de infraestructuras de defensa pasiva, destacando la construcción de refugios que llegaría a crear una auténtica “ciudad subterránea” bajo las calles albaceteñas.

El refugio de la Plaza del Altozano fue el más importante de la ciudad. El corazón de la urbe albaceteña, que hoy en día sigue siendo el centro de la vida de la capital. Este fue el único refugio público encofrado con hormigón de la zona baja del municipio ya que la escasez de materiales constructivos hizo que los trabajos de defensa antiaérea fueran imposibles de completar.  Aunque los primeros trabajos de construcción se habían iniciado desde finales de 1936,  la rápida finalización del bunker del Altozano respondió a la urgente necesidad de dotar a la ciudad de espacios seguros tras los trágicos bombardeos que, a cargo de la Legión Cóndor, asolaron la ciudad durante el mes de febrero de 1937, siendo el más importante el del día 19 que acabó con la vida de 83 personas y destruyó parte de las principales instalaciones de la ciudad.

Superado el olvido en que este recinto se sumió durante décadas, el refugio se limpió, adecentó y habilitó para visitas en el año 2000, y en 2007 se acondicionó su interior para albergar el Centro de Interpretación y Sensibilización para la Paz, inaugurado por Federico Mayor Zaragoza, además de la oficina municipal de turismo. La instalación, a excepción de la oficina informativa, se cerró, por problemas presupuestarios, el 30 de diciembre de 2011. Desde el año 2021 el refugio está de nuevo abierto a los visitantes interesados.

Pulsa aquí para ver la reconstrucción digital

ANL

Refugios antiaéreos en Puertollano

Grupo de personas en un refugio. Foto de Rueda Villaverde, en La Tribuna de Ciudad Real

Es bien sabido que, tras el golpe de estado de 1936, la provincia de Ciudad Real quedó en el bando republicano, y así permaneció hasta el final de la contienda. En consecuencia, Puertollano fue una de las ciudades de retaguardia, lo que no la eximió  –como a todas– de sufrir la dureza de los avatares propios de la guerra y la nueva forma de hacerla; mucho más, tratándose de una localidad con una importante industria minera (sin dejar de lado la fuerte experiencia tecnológica de algunas empresas), a lo que se unía la existencia del hospital de sangre (dispuesto para acoger heridos de guerra en los frentes cercanos), un buen potencial de hombres susceptibles de ser movilizados y una numerosa colonia de refugiados.

Todo ello despertó la atención de las fuerzas aéreas enemigas, que descargaron sus bombas hasta en cuatro ocasiones –hasta ahora se sabía de tres, pero los nuevos documentos descubiertos nos permiten hablar de uno más–, motivo suficiente para disponer de refugios antiaéreos, tarea en la que se afanaron con mucho interés los miembros del Consejo Municipal, pues se construyeron tres, de los que aportamos datos inéditos, por ejemplo, los facilitados por testigos oculares, o la correspondencia mantenida con el Gobierno. Por otro lado, vamos a ver que la reciente investigación nos ha permitido establecer el carácter público de todos ellos, pues fue a costa del erario municipal –en suma, de todos los vecinos– de donde salió la financiación necesaria, sin que exista constancia documental hasta el momento presente de la llegada de aportaciones por vía de subvenciones institucionales (la única que se pidió fue rechazada) o de empresas.

Autor: LPR

Para saber más de los refugios antiaéreos en Puertollano

 

Fosa en el cementerio de Toledo

Monumento realizado en homenaje a los fallecidos en la guerra civil y en el franquismo. Fotografía de Sandra Beldad Colado.

La represión en la capital de Toledo tuvo amplias repercusiones en la población y la fosa común de su cementerio albergó en torno a 1343 víctimas, repartidos en diversos patios: el 17, 19, 31, 42 y el 43, entre los en torno a 30 patios. El patio 42 fue exhumado por familiares en los años 80 y trasladado a nichos y tumbas familiares, además de dignificado en 2007. En años más recientes, Ganemos Toledo ha buscado la dignificación de los diferentes patios. A pesar del gran tamaño de la fosa, en Toledo aún quedan muchos restos sin localizar y es necesario llevar a cabo políticas de identificación, exhumación y dignificación. Frente a ello, la Cruz a los mártires en el cementerio sigue ocupando un espacio privilegiado.

Toledo supone la segunda provincia de Castilla-La Mancha con mayor número de fosas comunes registrada en el Mapa de Fosas, aunque con los datos conocidos gracias a las investigaciones del equipo de Mapas de la Memoria de la UNED pasaría al tercer puesto. Existen 49 fosas en 32 localidades diferentes. Aparecen 16 fosas no intervenidas, 2 no intervenidas, pero dignificadas, 4 exhumadas parcialmente y una que además ha sido dignificada, 12 exhumadas totalmente (aunque la mayoría no ha sido de forma científica y en muchos casos solo un traslado al osario) y una dignificada; 2 han desaparecido y, por último, 11 han sido trasladadas al Valle de Cuelgamuros, antes denominado Valle de los Caídos. Más del 55% de las fosas no han sido intervenidas o han sido trasladadas al Valle de Cuelgamuros. Las cifras de la represión franquista en Toledo siguen sin estar claras, pero los estudios de la última década se acercan cada vez más en torno a las 5000, siendo la razia la forma principal forma de represión durante el conocido como “primer terror”.

Autor: RAL

Fosa común en el paraje Los Tintos

Lápida-monumento en Recas que marca la zona donde se encontraba la fosa. Fuente: Fotografía de Ismael Herrero, https://www.cmmedia.es/noticias/castilla-la-mancha/localizados-restos-de-tres-fusilados-en-la-guerra-civil-en-una-fosa-comun-en-recas-toledo/.

La última exhumación realizada en Toledo corresponde con la de Recas, iniciadas el 15 de noviembre de 2021. En ella se han buscado los restos de catorce vecinos asesinados por tropas de sublevados en octubre de 1936. En una fosa se han exhumado 7 personas, pero existe al menos otra fosa a pocos metros que se cuenta que contaría con el resto de los asesinados. La fosa fue localizada de forma rápida debido a que sobre ella se encontraba una lápida-monumento situada por los familiares en los años 70. El deseo de las familias es poder enterrar a sus seres queridos lo antes posible.

Toledo supone la segunda provincia de Castilla-La Mancha con mayor número de fosas comunes registrada en el Mapa de Fosas, aunque con los datos conocidos gracias a las investigaciones del equipo de Mapas de la Memoria de la UNED pasaría al tercer puesto. Existen 49 fosas en 32 localidades diferentes. Aparecen 16 fosas no intervenidas, 2 no intervenidas, pero dignificadas, 4 exhumadas parcialmente y una que además ha sido dignificada, 12 exhumadas totalmente (aunque la mayoría no ha sido de forma científica y en muchos casos solo un traslado al osario) y una dignificada; 2 han desaparecido y, por último, 11 han sido trasladadas al Valle de Cuelgamuros, antes denominado Valle de los Caídos. Más del 55% de las fosas no han sido intervenidas o han sido trasladadas al Valle de Cuelgamuros. Las cifras de la represión franquista en Toledo siguen sin estar claras, pero los estudios de la última década se acercan cada vez más en torno a las 5000, siendo la razia la forma principal forma de represión durante el conocido como “primer terror”.

Autor: RAL

Fosas en la Peña Negra (Pepino)

Homenaje en la escultura El mirador de la memoria, realizado por el nieto de Leonardo Cedenilla, Francisco Cedenilla. Se aprecian las marcas de bala después de haber sido vandalizados. Fuente: https://plasenciaencomun.wordpress.com/2016/04/12/los-hombres-que-miraban-fijamente-el-valle-del-jerte-doblemente-fusilados-j-rguez-godoy/.

En la ladera norte de la conocida como Peña Negra se han localizado dos fosas comunes vinculadas con la represión de Marrupe. En el año 2003 empezaron las tareas de localización para encontrar a los Cinco de Marrupe, asesinados el 15 de octubre cuando iban de camino a Talavera de la Reina, pero en este año se encontró una fosa distinta, en cuyo interior había 11 personas sin identificar, todas ellas con marcas de bala. Más tarde, en octubre de 2007 se realizó la exhumación, gracias al trabajo de Agrupación de Familiares de Fusilados de Marrupe, quienes se encargaron del trabajo de investigación. Los trabajos por la recuperación de la memoria de los cinco asesinados la empezó la viuda de Leonardo Cedenilla, doña Candela Carrillo, que consiguió que el 7 de noviembre de 1939 se inscribiese la defunción de Leonardo Cedenilla Sánchez, Anastasio Mayoral y Eusebio Fierro en el registro civil, se les aplicó la causa de guerra como causa de muerte.

Toledo supone la segunda provincia de Castilla-La Mancha con mayor número de fosas comunes registrada en el Mapa de Fosas, aunque con los datos conocidos gracias a las investigaciones del equipo de Mapas de la Memoria de la UNED pasaría al tercer puesto. Existen 49 fosas en 32 localidades diferentes. Aparecen 16 fosas no intervenidas, 2 no intervenidas, pero dignificadas, 4 exhumadas parcialmente y una que además ha sido dignificada, 12 exhumadas totalmente (aunque la mayoría no ha sido de forma científica y en muchos casos solo un traslado al osario) y una dignificada; 2 han desaparecido y, por último, 11 han sido trasladadas al Valle de Cuelgamuros, antes denominado Valle de los Caídos. Más del 55% de las fosas no han sido intervenidas o han sido trasladadas al Valle de Cuelgamuros. Las cifras de la represión franquista en Toledo siguen sin estar claras, pero los estudios de la última década se acercan cada vez más en torno a las 5000, siendo la razia la forma principal forma de represión durante el conocido como “primer terror”.

Autor: RAL

Fosa en el cementerio de Menasalbas

Tumba de Menasalbas. Fotografía de Sandra Beldad Colado.

  El 3 de abril de 1939 fueron asesinados 17 vecinos de Menasalbas en las tapias del cementerio, la mayoría vecinos que volvían del frente de batalla, con disparos, e incluso con un hachazo. En el año 2010 empezaron los trabajos de exhumación en un punto del pueblo conocido por todos, pero silenciado por el miedo o el deseo de dañar la memoria y la vida de los familiares de los represaliados. La exhumación contó con más de cien voluntarios de Federación por la Memoria, y pudieron localizar 16 de los 17 cuerpos. El día 16 de julio de 2011 se realizó un homenaje por ellos y se entregó a sus familiares vivos los restos, entre los que se encontraba la hija de uno de ellos que perdió a su padre a los 2 años. En la actualidad están enterrados de forma común en una tumba-homenaje.

Toledo supone la segunda provincia de Castilla-La Mancha con mayor número de fosas comunes registrada en el Mapa de Fosas, aunque con los datos conocidos gracias a las investigaciones del equipo de Mapas de la Memoria de la UNED pasaría al tercer puesto. Existen 49 fosas en 32 localidades diferentes. Aparecen 16 fosas no intervenidas, 2 no intervenidas, pero dignificadas, 4 exhumadas parcialmente y una que además ha sido dignificada, 12 exhumadas totalmente (aunque la mayoría no ha sido de forma científica y en muchos casos solo un traslado al osario) y una dignificada; 2 han desaparecido y, por último, 11 han sido trasladadas al Valle de Cuelgamuros, antes denominado Valle de los Caídos. Más del 55% de las fosas no han sido intervenidas o han sido trasladadas al Valle de Cuelgamuros. Las cifras de la represión franquista en Toledo siguen sin estar claras, pero los estudios de la última década se acercan cada vez más en torno a las 5000, siendo la razia la forma principal forma de represión durante el conocido como “primer terror”.

Autor: RAL

Fosa en el camino al cementerio de Calera y Chozas

Detalle de la fosa. Fuente: ESCOBAR REQUENA, Ana; LLAVE MUÑOZ, Sergio de la; PACHECO JIMÉNEZ, César, “Exhumación de fosas comunes de la Guerra Civil en Calera y Chozas (Toledo). Resultados preliminares” Glyphos: Revista de Arqueología, 1, pp. 8-21, 2012.

Durante el verano de 2012 empezaron los trabajos de exhumación gracias al trabajo de la Asociación de Familiares de Republicanos Desaparecidos (AFAREDES) y la promoción de familiares de los represaliados en Calera y Chozas de las múltiples fosas que se encontraban en el camino al cementerio de la localidad. Los trabajos estuvieron coordinados por César Pacheco Jiménez y de ella se pudieron exhumar en torno a 28 personas, en diversas franjas de tamaños variados, pero dispuestas en todo el camino. El 10 de febrero del año siguiente se realizó un acto homenaje por las víctimas y fueron enterrados de forma conjunta en una tumba-homenaje. Los datos en porcentaje de la represión en Calera y Chozas son abrumadores: el 3,2% de su población total fue asesinada, lo que corresponde en torno a un 10% de la población activa de la localidad.

Toledo supone la segunda provincia de Castilla-La Mancha con mayor número de fosas comunes registrada en el Mapa de Fosas, aunque con los datos conocidos gracias a las investigaciones del equipo de Mapas de la Memoria de la UNED pasaría al tercer puesto. Existen 49 fosas en 32 localidades diferentes. Aparecen 16 fosas no intervenidas, 2 no intervenidas, pero dignificadas, 4 exhumadas parcialmente y una que además ha sido dignificada, 12 exhumadas totalmente (aunque la mayoría no ha sido de forma científica y en muchos casos solo un traslado al osario) y una dignificada; 2 han desaparecido y, por último, 11 han sido trasladadas al Valle de Cuelgamuros, antes denominado Valle de los Caídos. Más del 55% de las fosas no han sido intervenidas o han sido trasladadas al Valle de Cuelgamuros. Las cifras de la represión franquista en Toledo siguen sin estar claras, pero los estudios de la última década se acercan cada vez más en torno a las 5000, siendo la razia la forma principal forma de represión durante el conocido como “primer terror”.

Autor: RAL

Fosas en ‘La Pradera Baja de Santa Teresa’

Entierro en Alcaudete. Fuente: https://www.lainformacion.com/asuntos-sociales/entierran-los-restos-de-28-fusilados-en-1939-en-alcaudete-de-la-jara-toledo_fsdBb4ZsYQ4HeH2IwWyHB1/.

La fosa se encontraba en la carretera de Alcaudete a Calera y Chozas, a poco más de 3km, en el paraje de “La Padrera Baja de Santa Teresa». A finales de mayo de 2010 se inició la exhumación de las dos fosas que la formaban. Se recuperaron 28 cuerpos, 10 en la primera zanja y 18 en la otra. Las víctimas eran hombres de entre 17 y 55 años, todos fusilados el 25 de abril de 1939. Después de ser asesinados, los cuerpos fueron tirados a una trinchera. En 2010 se realizaron las labores de exhumación gracias al trabajo de la asociación de familiares y a los datos otorgados por el hijo del jefe de la Guardia Civil de la época, presunto promotor de los asesinatos, Bernardo Gómez Arroyo. Los trabajos se realizaron gracias a una subvención de 25.000€, pero se decidió no realizar pruebas de ADN a los restos debido a la complicación en tiempo y dinero que suponía y los vecinos fueron enterrados de forma conjunta. 

Toledo supone la segunda provincia de Castilla-La Mancha con mayor número de fosas comunes registrada en el Mapa de Fosas, aunque la mayoría de ellas, como sucede en el resto de las provincias, carecen de cualquier tipo de intervención y se desconoce su número exacto de víctimas. Dentro de la provincia, existen al menos 3 fosas comunes que no han sido intervenidas, pero sí dignificadas a través de la instalación de placas conmemorativas. Las cifras de la represión franquista en Toledo siguen sin estar claras, pero los estudios de la última década se acercan cada vez más en torno a las 5000, siendo la razia la forma principal forma de represión durante el conocido como “primer terror”.

Autor: RAL