Senderos de la memoria: Ruta de Moya

Monolito Santa Cruz de Moya. Fuente: https://www.lagavillaverde.org/

La asociación La Gavilla Verde desarrolla un proyecto para la recuperación de los caminos y senderos tradicionales, que ha denominado “Senderos de la Memoria”. El objetivo de este proyecto consiste en la recuperación de los caminos tradicionales, muchos de ellos vinculados a la lucha guerrillera y su represión por parte de las fuerzas franquistas. La Gavilla Verde también pretende poner en valor aquellos espacios naturales en los que transcurrió la vida de nuestros antepasados en la serranía conquense. Es un proyecto abierto a todas aquellas personas que tratan de defender el patrimonio natural y rural.

La Gavilla Verde propone varios tipos de rutas, entre ellos los senderos de Santa Cruz de Moya. Tiene especial interés la ruta que une Santa Cruz de Moya con el rento de Asturias hasta llegar a Moya. La importancia de esta ruta radica en su paso por diferentes ecosistemas naturales, corrales ganaderos y rentos abandonados en los que se refugiaron algunas partidas de guerrilleros vinculados a la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón. En esta ruta también se visita el monumento al guerrillero, situado en la localidad de Santa Cruz de Moya, de enorme importancia debido a su afán reivindicativo de todas aquellas personas que formaron parte de la resistencia antifranquista.

La Gavilla Verde propone otra serie de rutas en la zona de Els Ports (Morella, Alcañiz y Tortosa), donde también desarrolló la actividad guerrillera el AGLA.

Autora: LPG

Iglesia de la Asunción en Valdepeñas

Sacrarium o Relicario antes de la guerra. Imagen incluida en Catálogo monumental artístico-histórico de la provincia de Ciudad Real de Bernardo Portuondo (1917).

Durante la Guerra Civil las iglesias de Valdepeñas se vieron enormemente afectadas por la contienda a pesar de que la localidad no estuvo situada en zona de frente. Desde el año 1936 los templos de la localidad fueron tomados y saqueados por grupos de ideologías afines a la República. La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Valdepeñas fue usada como almacén y taller, así como vivienda para evacuados. Aunque no experimentó grandes daños estructurales, sí sufrió la pérdida de la práctica totalidad de sus imágenes devocionales y sus objetos litúrgicos.  

El retablo mayor fue desmontado y quemado pero, sin que aún hoy se sepa cómo, se salvaron seis pinturas sobre tabla de estilo renacentista que habían formado parte de su decoración. Una vez acabada la guerra fueron encontradas ocultas en el coro alto de la iglesia. Se trataba de piezas presumiblemente realizadas en el taller de Fernando Yañez de la Almedina, que fueron recuperadas, restauradas e incluidas en el nuevo retablo de 1958 donde se mantienen en la actualidad. En el edificio había otros retablos también desaparecidos como el de San Lorenzo, de estilo neoclásico y dedicado al patrón de la localidad, o el de la Piedad, situado muy cerca del anterior en la nave norte del templo y de estilo barroco. También se destruyeron los retablos de la Virgen de Gracia y el de San Ramón. Igualmente, fueron quemados el Órgano y el Sacrarium o Relicario que estaba en la sacristía y del que solo quedan las grisallas que lo enmarcaban pintadas en la pared. Entre las imágenes devocionales destruidas destaca un San Pedro, con tiara y vestiduras papales. La imagen de la Virgen de Consolación fue profanada aunque no destruida tirándola al suelo desde su hornacina del altar mayor, arrancándole los ojos y dañando sus manos.  

 

Autora: SGA

Fosa en el cementerio de Argamasilla de Alba

Cementerio de Argamasilla de Alba. Fuente: Mapas de memoria

La fosa de Argamasilla de Alba se encontraba situada en el antiguo cementerio civil de la localidad, actualmente perdido debido a la construcción de un nuevo edificio. Esto llevó a que las diferentes sepulturas donde se encontraban los tres difuntos desapareciese. Las personas que otrora ocuparon este espacio fueron Nolasco Olmedo Carmona, quien se suicidó para evitar las represalias el 08 de abril de 1939; Félix Rojano Navarro (m. 07/11/1942) y Pedro Aparicio Serrano (m. 06 21/06/1944), ambos a causa de torturas en el depósito municipal. Esta situación de olvido contrarresta con el cuidado y la preocupación con el que se mantiene el “Monumento a los Caídos por Dios y por España” en el cementerio de la localidad.

En Ciudad Real, el número de fosas localizadas asciende a 53, en las que se han encontrado 3457 cuerpos. Sólo el 4% ha sido exhumado al completo. Dentro de la provincia se aprecian marcadas diferencias en torno al tamaño de las fosas: mientras que la fosa de Ciudad Real alberga el 35% de las víctimas totales de la provincia,  la de Alcázar de San Juan contiene 12% y la de Almodóvar del Campo se sitúa en tercer lugar con el 8% de las victimas, la mayor parte de las fosas suelen ser de pequeño tamaño y algunas de ellas contienen tan sólo los cadáveres de miembros de partidas guerrilleras ejecutados individualmente o en pequeños grupos.

La “checa” de San José

Edificio Checa San José

A mediados de 1937 la República pasaba por un momento complejo, sobre todo desde el punto de vista militar y estratégico. En los frentes crecía la incertidumbre y las actitudes derrotistas, al mismo tiempo que en las retaguardias aumentaban informaciones sospechosas, actividades clandestinas y enemigos encubiertos que podían suponer un peligro para los intereses gubernamentales. En este contexto, Indalecio Prieto creó el 29 de agosto de dicho año el Servicio de Información Militar, un servicio de contraespionaje militar que, con el paso del tiempo, derivó hacia una especie de policía autónoma.

En Cuenca existió un Destacamento dependiente de la Demarcación del Ejército del Centro, en contacto con Madrid y otros elementos de los pueblos de la provincia. Controlada en sus inicios por el partido comunista, sus agentes trataron de desarticular actividades y redes quintacolumnistas (sobre todo, de evasión a “campo nacional”), obtener información de los servicios franquistas y localizar infiltrados en los cuerpos del Ejército y otros para su represión. Se componía de, al menos, una docena de personas y sus dirigentes fueron Manuel Saavedra de la Peña y Félix Arellano González. Contó con varias dependencias y cárceles propias en la ciudad, dependiendo del momento.  Una Jefatura se instaló en las afueras de la ciudad en el llamado “chalé de San José”, en la carretera de Valencia, incautado y propiedad de José Roibal (exconcejal de Agrupación Ciudadana Agraria, asesinado en abril de 1937). Se trataba de dos casas muy cercanas. Una servía como residencia de los represores y, la otra, como sala de interrogatorio y tortura.

Autor: SNC

El Convento de las Carmelitas Descalzas

Foto actual del convento. Al fondo, la antigua prisión provincial, hoy Archivo Histórico Provincial.

El número de presos en la Prisión Provincial fue en aumento, especialmente, desde octubre de 1936. En estos momentos, las prácticas expeditivas del paseo y las sacas habían descendido bruscamente. La implantación y la progresiva actuación del Tribunal Especial Popular y del Jurado de Urgencia contribuyeron a ello. En el mejor de los casos, los desafectos eran detenidos y puestos a disposición de dichos organismos u otra autoridad competente, con el consiguiente encarcelamiento. Tanto la Prisión Provincial como la del Seminario se acabaron desbordando. Ante tal situación, bajo el impulso del director de la Provincial se llevó a efecto la propuesta de convertir el convento de las Carmelitas Descalzas en espacio de arresto. Pese a los pocos datos de que se dispone, se sabe que en septiembre de 1937 se iniciaron los trámites para habilitar el edificio y convertirlo en prisión provisional de mujeres, como derivación/adicción de la Provincial, a pocos metros. La dirección técnica de las obras se otorgó al arquitecto Javier Yarnoz Larrosa y su ejecución al aparejador del consejo municipal Jesús Carretero. Pero la falta de dirección y varios problemas con el presupuesto hicieron que dichas obras se alargaran, al menos, hasta junio de 1938. Además de mujeres (como Leonor Malla Fernández, vecina de Cuenca encarcelada en noviembre de 1938), entre sus muros también hubo decenas de hombres, sobre todo, en el otoño de 1938, detenidos para ser juzgados por el Tribunal Especial de Guardia (como ocurrió, por ejemplo, con Bienvenido Gabaldón Jaén, vecino de Pinarejo). Por otra parte, fueron expoliados varios de sus objetos y, otros, rescatados a tiempo por la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico. De acuerdo con algunos testimonios, esta prisión fue denominada irónicamente “el hotelito del Huécar” dadas las privilegiadas vistas de la ciudad desde su interior.

Autor: SNC

Diputación Provincial de Cuenca

Diputación Provincial de Cuenca

La trayectoria de la Diputación Provincial de Cuenca se vio alterada con motivo del golpe militar, al igual que la de otros organismos institucionales. Hasta diciembre de 1936 funcionó una Comisión Gestora, creada en el marzo anterior, presidida por Juan Jimenez Cano. En la sesión ordinaria de 5 de agosto, la primera tras el levantamiento, la presidencia dio cuenta del telegrama que el 20 de julio envió al Gobierno central para manifestar su “inquebrantable adhesión al régimen” y su apoyo para “sofocar la criminal sublevación del Ejército contra la Patria”, que fue ratificada enérgicamente por el resto de los gestores. Entre otras medidas inmediatas y de gran calado, esta Comisión acordó destinar 15.000 pesetas a la suscripción abierta por el Gobierno Civil para la formación de las milicias del Frente Popular, y proceder a la depuración/cese de funcionarios y empleados que se hubieran mostrado desafectos a la causa. Durante estos meses, continuó con la gestión de distintos asuntos competentes desde antaño como la Casa de la Beneficencia o el Hospital, como también con la aprobación de distintos presupuestos, el pago de nóminas, la resolución de variopintas instancias, la ratificación de precios, la reorganización de servicios o la distribución de fondos. La Comisión republicana fue sustituida por un Consejo Provincial, en virtud del decreto gubernamental de 23 de diciembre. Hasta finales de febrero de 1937 estuvo presidida, interinamente, por el entonces gobernador José Papí Albert, y compuesta por 10 consejeros, elegidos previa designación de los partidos y sindicales integrantes del Frente Popular.  En adelante, el Consejo lo presidieron Antonio Dorrego Seoane, Gerardo Alcañiz Turegano y Emilio Lizondo González. El golpe fallido, el proceso revolucionario y las vicisitudes bélicas convirtieron a la Diputación en un mero elemento del Gobierno y en una institución de menor repercusión que en otras etapas.

Autor: SNC

Cuartel del Servicio de Investigación Militar (SIM)

Cuartel del SMI Cuenca

A mediados de 1937 la República pasaba por un momento complejo, sobre todo desde el punto de vista militar y estratégico. A la debilidad republicana se unía el avance de las fuerzas rebeldes. En los frentes crecía la incertidumbre y las actitudes derrotistas, al mismo tiempo que en las retaguardias aumentaban informaciones sospechosas, actividades clandestinas y enemigos encubiertos que podían suponer un peligro para los intereses gubernamentales. En este contexto, Indalecio Prieto creó el 29 de agosto de dicho año el Servicio de Información Militar. En un principio, fue concebido como servicio de contraespionaje militar, pero, con el tiempo, se convirtió en una especie de policía autónoma.

En Cuenca existió un Destacamento dependiente de la Demarcación del Ejército del Centro, en contacto con Madrid y otros elementos de los pueblos de la provincia. Sus agentes trataron de desarticular redes y actividades quintacolumnistas, obtener información de los servicios franquistas y localizar infiltrados en los cuerpos del Ejército para su represión. Se componía de, al menos, una docena de personas y sus dirigentes fueron Manuel Saavedra de la Peña y Félix Arellano González. Contó con varias dependencias y cárceles propias en la ciudad, dependiendo del momento.  Una de ellas se localizaba en el número 10 de la antigua calle General Lasso, actual San Juan, donde años atrás había residido el Gobierno Civil. Las oficinas del SIM funcionaron en este lugar en los últimos compases del conflicto. Sus sótanos, empleados como celdas, aún conservan inscripciones en la piedra original de los allí presos. El alcance de los interrogatorios y las torturas es difícilmente evaluable, aunque se tienen pequeñas referencias documentales. El catalán José Alegret Torm, fue azotado con correas y encerrado, alternativamente, en una celda fría y otra caliente como medios de extorsión.

Autor: SNC

Escuela de Ingeniería del Minas, sede del cuartel general del Ejército de Extremadura

Academia de Minas de Almadén

El fracaso de los sublevados en toda la provincia y la decisión del general Franco, a principios de agosto de 1936, de avanzar desde Sevilla hacia Madrid por la ruta del oeste, más larga, en vez de la del este, más corta y normal, pasando por Córdoba, Ciudad Real y Aranjuez, decidieron la suerte que habría de correr esta provincia en la contienda española. La provincia de Ciudad Real permaneció en la retaguardia republicana durante toda la guerra, en el interior de la zona de acción del Ejército de Extremadura, unidad del Ejército Popular de la República, compuesta, además, por las zonas leales de las provincias de Toledo, Cáceres, Badajoz y Córdoba. Para la provincia de Ciudad Real, y desde el punto de vista militar, la guerra fue la lucha por Almadén, población ambicionada en varias ocasiones por el Ejército franquista por sus minas de mercurio, de gran importancia tanto para el gobierno sublevado como para sus potencias amigas, sobre todo la Alemania de Hitler. En Almadén, en el edificio de la primera Escuela de Ingeniería de Minas de España y cuarta de todo el mundo, creada en 1777 e inaugurada su sede en 1785, se instaló durante la guerra la sede del Cuartel General del Ejército de Extremadura, al mando del emblemático general Antonio Escobar. A finales de 1938 se trasladó a la finca Gargantón, en Piedrabuena (Ciudad Real).

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Seminario Conciliar de San Julián

El Seminario. Fuente: A. Martín (s.a). Portfolio fotográfico de España. Cupón nº 18 dedicado a Cuenca. Disponible en: https://www.flickr.com/photos/ceclm/albums/72157642586582963/with/13263646785/

El Seminario Conciliar se convirtió en otro de los espacios de mayor repercusión de la ciudad tras el golpe. Para empezar, aquí permanecieron los guardias civiles de toda la provincia que entre los días 26 y 29 de julio fueron llegando a Cuenca previa orden de concentración. Con este llamamiento el Gobernador perseguía unificar y asegurar el control de la Fuerza, además de evitar choques con los primeros milicianos e impedir su apoyo ante un hipotético levantamiento. En lo sucesivo, perdió su funcionalidad de adoctrinamiento para convertir sus dependencias, entre otras cosas, en cárcel. Su habilitación vino determinada por dos factores: primero, como consecuencia del desbordamiento de detenidos de la Prisión Provincial; y, segundo, prácticamente simultáneo, debido a la aprobación de un Decreto por parte del Ministerio de Instrucción Pública que afirmaba la urgente ocupación de edificios que las Congregaciones religiosas tenían destinados para la enseñanza. Además de un número indeterminado de civiles, aquí estuvieron encerrados el Obispo y varios sacerdotes tras su salida forzada del Palacio Episcopal. El día 8 de agosto, el Obispo, Cruz Laplana, y el canónigo de la catedral, Fernando Español Berdié, eran sacados de ella y asesinados, siendo las víctimas más simbólicas extraídas de esta prisión. Asimismo, cientos de obras de su Biblioteca y objetos de culto fueron destruidos o quemados en la plaza anexa, en un intento simbólico de sus protagonistas por atacar el viejo orden social y fundar la revolución social. Durante un tiempo estuvo controlada por la Columna del Rosal. A lo largo de la guerra, varias habitaciones del Seminario también sirvieron a la Caja de Soldado y de residencia/alojamiento de tropas como, por ejemplo, a los soldados del Batallón de Cuenca nº 2, a mediados de 1937. Durante 1938, muchos de los allí detenidos lo fueron por el SIM. Unas veces eran recluidos en la “celda general” y, otras, en las “de castigo”. Antonio Millán Villafranca, agente de dicho servicio, fue el jefe de la cárcel en aquellos momentos. Acabado el conflicto, el edificio siguió habilitado como cárcel, tras así solicitarlo el nuevo Gobierno Militar.

La Hacienda Vieja, “Cuartelillo de milicias del Frente Popular”

Edificio de Hacienda, años 80. Recuperado de: https://www.facebook.com/photo/?fbid=10217096873310825&set=gm.3127723133988687

En los días siguientes a la sublevación, la corporación conquense trasladaba al Presidente del Consejo de Ministros la adhesión de la provincia al gobierno legítimamente constituido de la República. A principios de agosto, el naciente Comité de Enlace del Frente Popular constituía un Cuerpo de Milicias con el objetivo de continuar la labor que en los primeros compases efectuaron elementos de los distintos partidos y sindicatos, esto es, asegurar el orden social y evitar cualquier atisbo de levantamiento no solo en la capital, también en la provincia. Contaba con cerca de 150 hombres y dos Grupos Móviles (de Investigación) de 25 individuos cada uno, uniformados con pantalón azul, camisa caqui y gorra azul con cordón blanco. Desde mediados de dicho mes comenzó a prestar los servicios encomendados por el Comité de Enlace por toda la ciudad y distintos pueblos, sobresaliendo en el asunto de las detenciones. Las Milicias se asentaron en el —hoy desaparecido— antiguo edificio de Hacienda, conocido entre la población local como el cuartelillo. Sus jefes fueron el socialista Pompeyo Hernáiz Nuño y el cenetista Justo Mora Latorre. De aquí partían los dos grupos mencionados, cuyos responsables eran Alejandro Delgado Fernández y Agustín Álvarez Navarro. Sus muros fueron prisión para un número indeterminado de enemigos del régimen y testigo de duros interrogatorios que, en ocasiones, acabaron en el paseo. Las fuentes franquistas no dudaron en considerarlo una checa. Su presencia como espacio represivo se alargó hasta finales de 1936.

Autor: SNC