Fosa de Alcaraz

La fosa de Alcaraz, ubicada en el interior de un castillo de la localidad, empezó a ser exhumada a finales de mayo de 2012. En la fosa se buscaban en principio 17 víctimas, de las cuales 12 fueron fusiladas, 2 asesinadas en prisión y 3 fallecidas en prisión por enfermedades. En ella se encontraban vecinos de Alcaraz y de pueblos de la comarca, así como los alcaldes de Viveros y Ossa de Montiel. Sin embargo, la exhumación ha permitido identificar al menos 35 víctimas, enterradas tanto antes como después de la fecha de marco de la intervención. Sin embargo, estos cuerpos no han podido ser identificados debido al precario estado de conservación de muchos de ellos, y a que se han encontrado tan solo restos parciales en la mayoría de los casos.

Tras la exhumación, se llevó a cabo un acto de homenaje a las víctimas y se hizo la entrega  de sus restos a sus familiares. También se erigió un panteón-homenaje en memoria de las víctimas.

El Mapa de fosas del Ministerio de Presidencia sitúa en Castilla-La Mancha 194 fosas, de las cuales 22 se sitúan la provincia de Albacete. Dentro de estas, 7 fosas no han sido intervenidas y 3 están desaparecidas. En la provincia de Albacete se ha generado un renovado interés reciente en los trabajos de Memoria Democrática a través del desarrollo del Mapa de la Memoria Democrática de Albacete, responsabilidad de un equipo formado en el seno del Seminario de Estudios del Franquismo y la Transición de la Universidad de Castilla-La Mancha, así como por el proyecto Víctimas de la Dictadura en Castilla-La Mancha.

Autor: RAL

Fosas en el cementerio de Albacete

Albacete cuenta con varias fosas en el cementerio de la localidad. Entre 1939 y 1948 se llevó a cabo el fusilamiento de 755 personas en las tapias del Cementerio Municipal Virgen de Los Llanos, todas ellas enterradas en una fosa común, aunque más tarde algunas víctimas fueron trasladadas a enterramientos familiares o al osario, donde se mezclaron con los restos trasladados del antiguo cementerio. Además, a esta hay que sumar la fosa donde se enterró a los brigadistas represaliados y donde se localizan 61 cadáveres.

En el cementerio existía previamente un monumento denominado “A los que amaron la paz” que rendía homenaje a los represaliados por el franquismo sin hacer mención expresa a sus identidades, pero desde 2019 se aprobó la instauración de una placa al lado con la mención directa a los 750 fusilados en las tapias del cementerio. Además, ese mismo año, se instauró una placa con los nombres, edad y nacionalidad de los brigadistas enterrados en el cementerio.

El Mapa de fosas del Ministerio de Presidencia sitúa en Castilla-La Mancha 194 fosas, de las cuales 22 proceden de la provincia de Albacete. Dentro de la provincia, 7 fosas no han sido intervenidas y 3 están desaparecidas. En la provincia de Albacete se ha generado un renovado interés reciente en los trabajos de Memoria Democrática a través del desarrollo del Mapa de la Memoria Democrática de Albacete, responsabilidad del equipo creado por el Seminario de Estudios de Franquismo y Transición, en la Universidad de Castilla-La Mancha y gracias al desarrollo del proyecto Víctimas de la Dictadura en Castilla-La Mancha.

Autor: RAL

Convento de las Concepcionistas Franciscanas

La violencia revolucionaria fue especialmente intensa en los primeros seis meses tras el golpe de Estado: los comités se hicieron con el poder en las calles, mientras los organismos oficiales y las fuerzas de seguridad paralizaban su actividad. Las milicias locales fueron dueñas de la situación entre julio y diciembre de 1936, imponiendo el terror sobre quienes tenían por sus enemigos: las personas consideradas derechistas y católicas.

Los religiosos fueron uno de los grupos que los revolucionarios persiguieron en esta etapa de violencia desatada, ya que los consideraban cercanos a las clases poderosas y a las derechas. Sus edificios fueron ocupados por las milicias y, específicamente, por la Columna del Rosal. Es lo que ocurrió con el Seminario, el convento de las Carmelitas Descalzas o el convento de las Concepcionistas, en la Puerta de Valencia. Las monjas de este último enclave permanecieron en el mismo hasta el 4 de agosto de 1936, cuando se las trasladó al asilo de ancianos. El edificio fue ocupado por la Columna del Rosal en octubre, que lo convirtió en cuartel y centro de detenciones o “checa”.

Así, el convento de las Concepcionistas se convirtió en uno de los temidos lugares a los que eran conducidas las personas detenidas por las milicias en Cuenca. Allí eran interrogadas, torturadas y sometidas a juicio por el comité allí presente. Si se les encontraba culpables, se les conducía a las afueras de la ciudad o a las tapias del cementerio y se las fusilaba, un fenómeno conocido como “el paseo” que se extendió en los primeros seis meses de la guerra y que prácticamente desapareció a partir de febrero de 1937, de la mano de la recuperación del poder estatal por parte del Gobierno.

Autora: ACP

Convento de las Carmelitas Descalzas

La violencia revolucionaria fue especialmente intensa en los primeros seis meses tras el golpe de Estado: los comités se hicieron con el poder en las calles, mientras los organismos oficiales y las fuerzas de seguridad paralizaban su actividad. Las milicias locales fueron dueñas de la situación entre julio y diciembre de 1936, imponiendo el terror sobre quienes tenían por sus enemigos: las personas consideradas derechistas y católicas.

Los religiosos fueron uno de los grupos que los revolucionarios persiguieron en esta etapa de violencia desatada, ya que los consideraban cercanos a las clases poderosas y a las derechas. Sus edificios fueron ocupados por las milicias y, específicamente, por la Columna del Rosal. Es lo que ocurrió con el Seminario, el convento de las Concepcionistas o el convento de las Angélicas, en el inicio de la calle San Pedro. El convento de las Carmelitas se convirtió en una cárcel que, en modo irónico, fue denominada como el “hotel del Huécar” por las vistas sobre la hoz del río que hay desde el edificio.

El convento de las Carmelitas fue uno de los centros de detención en los que se interrogaba y torturaba a los sospechosos antes de someterlos a un “juicio revolucionario”. Si se les encontraba culpables, se les conducía a las afueras de la ciudad o a las tapias del cementerio y se las fusilaba, un fenómeno conocido como “el paseo” que se extendió en los primeros seis meses de la guerra y que prácticamente desapareció a partir de febrero de 1937, de la mano de la recuperación del poder estatal por parte del Gobierno.

Autora: ACP

Convento de las Angélicas

La violencia revolucionaria fue especialmente intensa en los primeros seis meses tras el golpe de Estado: los comités se hicieron con el poder en las calles, mientras los organismos oficiales y las fuerzas de seguridad paralizaban su actividad. Las milicias locales fueron dueñas de la situación entre julio y diciembre de 1936, imponiendo el terror sobre quienes tenían por sus enemigos: las personas consideradas derechistas y católicas.

Los religiosos fueron uno de los grupos que los revolucionarios persiguieron en esta etapa de violencia desatada, ya que los consideraban cercanos a las clases poderosas y a las derechas. Sus edificios fueron ocupados por las milicias y, específicamente, por la Columna del Rosal. Es lo que ocurrió con el Seminario, el convento de las Concepcionistas o el convento de las Angélicas, en el inicio de la calle San Pedro, en Cuenca.

Así, el convento de las Angélicas se convirtió en uno de los temidos lugares a los que eran conducidas las personas detenidas por las milicias. Allí eran interrogadas, torturadas y sometidas a juicio por el comité allí presente. Si se les encontraba culpables, se les conducía a las afueras de la ciudad o a las tapias del cementerio y se las fusilaba, un fenómeno conocido como “el paseo” que se extendió en los primeros seis meses de la guerra y que prácticamente desapareció a partir de febrero de 1937, de la mano de la recuperación del poder estatal por parte del Gobierno.

Autora: ACP

Ofensiva de la victoria en Ciudad Real

Los intentos de negociación de Casado, en nombre del Consejo de Defensa, fracasaron ante la negativa de Franco de acceder a nada más que la rendición incondicional de la República.

La Ofensiva de la Victoria llegó a la provincia de Ciudad Real de la mano del Ejército del Sur, comandado por el general Queipo de Llano, y el del Centro, del general Saliquet. El 27 de marzo de 1939, las tropas de Queipo tomaban Almadén: a partir de entonces, los ejércitos de ambos generales se extendieron por toda la provincia.

Dos días después, el 29 de marzo, las tropas victoriosas entraban en la capital, Ciudad Real, que sin embargo ya estaba controlada por sus simpatizantes. El día anterior, coincidiendo con la caída de Madrid, los quintacolumnistas de Ciudad Real habían salido a las calles y ocupado los edificios clave de la ciudad: las principales instituciones y medios de comunicación estaban en sus manos antes de que llegara el Ejército, lo que contribuyó a un traspaso del poder sin incidentes.

Autora: ACP