Sublevación en Puertollano

La conspiración en Ciudad Real estuvo liderada por civiles, ya que la Guardia Civil se mostró dubitativa y no había guarnición militar que pudiera tomar las riendas. El plan de los conspiradores consistía en iniciar la sublevación para ganarse el apoyo de la Guardia Civil, ya que esta fuerza era la más numerosa y estaba repartida por toda la provincia, mientras que los grupos carlistas y falangistas eran minoritarios y en la mayor parte de los pueblos estaban desorganizados.  Así, aunque en algunas poblaciones hubo intentos de unirse a la sublevación, en todas fueron desbaratados. De las 97 localidades de la provincia, en doce se produjeron enfrentamientos armados, aunque no triunfaron los sublevados, como en Ciudad Real y Puertollano.

En esta localidad, la familia falangista de los Cabañero se enfrentó a los milicianos que acudieron a requisar sus armas en la madrugada del 18 al 19 de julio. El asalto a la vivienda de los Cabañero, donde se atrincheraron varios miembros de la familia, se prolongó hasta las 14 horas del 19 y en el participaron también guardias civiles provenientes de Ciudad Real, que colocaron una ametralladora en la torre de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. La casa fue atacada con dinamita, y el enfrentamiento, que acabó con el foco de rebelión, se saldó con la muerte de Juan Gregorio Cabañero, Jefe local de Falange, y tres de sus hijos, así como con la de un miliciano socialista que participó en el asalto. 

Autora: ACP

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Sublevación en Arenas de San Juan

La conspiración en Ciudad Real estuvo liderada por civiles, ya que la Guardia Civil se mostró dubitativa y no había guarnición militar que pudiera tomar las riendas. El plan de los conspiradores consistía en iniciar la sublevación para ganarse el apoyo de la Guardia Civil, ya que esta fuerza era la más numerosa y estaba repartida por toda la provincia, mientras que los grupos carlistas y falangistas eran minoritarios y en la mayor parte de los pueblos estaban desorganizados.  Así, aunque en algunas poblaciones hubo intentos de unirse a la sublevación, en todas fueron desbaratados. De las 97 localidades de la provincia, sólo en dos pudieron los sublevados hacerse con algunas instituciones locales por un breve periodo de tiempo. Este fue el caso de Arenas de San Juan, que además protagonizó los enfrentamientos más graves de Ciudad Real. Su alcalde, Antonio Rincón, a pesar de ser de Izquierda Republicana, lideró la conspiración junto a un pequeño grupo de falangistas y simpatizantes, y, cuando esta estalló y el Gobierno le ordenó entregar armas a las fuerzas de izquierdas, se negó. El 23 de julio, milicias procedentes de la capital y de otros pueblos acudieron al Ayuntamiento a desalojar a los rebeldes, que pusieron una ametralladora en la torre de la iglesia para impedir el acceso de los milicianos. Así estalló una cruenta batalla entre atacantes y defensores que acabó en pocas horas y causó un gran derramamiento de sangre: fueron ejecutadas familias enteras, entre ellas la del propio alcalde.

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Sublevación en Almodóvar del Campo

La conspiración en Ciudad Real estuvo liderada por civiles, ya que la Guardia Civil se mostró dubitativa y no había guarnición militar que pudiera tomar las riendas – ésta había sido retirada en tiempos de Primo de Rivera por la sublevación de uno de sus regimientos en 1929.  Amadeo Mayor Macías, máximo representante de Falange en la provincia, fue la figura principal de la preparación del golpe, al que se sumaron Comunión Tradicionalista y Renovación Española.  Juan Antonio Solís Huéscar, falangista dueño de una empresa de transporte de viajeros, utilizó ésta para repartir armas en diversos pueblos de la provincia previamente al golpe. El plan de los conspiradores consistía en iniciar la sublevación para ganarse el apoyo de la Guardia Civil, ya que esta fuerza era la más numerosa y estaba repartida por toda la provincia, mientras que los grupos carlistas y falangistas eran minoritarios y en la mayor parte de los pueblos estaban desorganizados.  Así, aunque en algunas poblaciones hubo intentos de unirse a la sublevación, en todas fueron desbaratados. De las 97 localidades de la provincia, sólo en dos pudieron los sublevados hacerse con algunas instituciones locales por un breve periodo de tiempo. En doce se produjeron enfrentamientos armados, aunque no triunfaron los sublevados, como en Puertollano y Ciudad Real. Otras doce experimentaron intentos de rebelión que fueron sofocados antes de que hubiera incidentes. 

Fue el caso de Almodóvar del Campo, en el que los simpatizantes de la sublevación se reunieron la noche del 18 de julio con intención de coordinarse, llegando a romper las bombillas de las farolas de la calle para evitar ser sorprendidos. No consiguieron participar en la sublevación y varios de ellos fueron procesados por el Tribunal Especial Popular de Ciudad Real en octubre, que les condenó a 12 años y un día de reclusión por rebelión militar en grado de conspiración. 

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Sublevación en Ciudad Real

La conspiración en Ciudad Real estuvo liderada por civiles, ya que la Guardia Civil se mostró dubitativa y no había guarnición militar que pudiera tomar las riendas. El plan de los conspiradores consistía en iniciar la sublevación para ganarse el apoyo de la Guardia Civil, ya que esta fuerza era la más numerosa y estaba repartida por toda la provincia, mientras que los grupos carlistas y falangistas eran minoritarios y en la mayor parte de los pueblos estaban desorganizados.  Así, aunque en algunas poblaciones hubo intentos de unirse a la sublevación, en todas fueron desbaratados. De las 97 localidades de la provincia, en doce se produjeron enfrentamientos armados, aunque no triunfaron los sublevados, como en Puertollano y Ciudad Real. 

En la capital había 90 guardias de asalto pertenecientes a la compañía liderada por Manuel Pascual Hernández, un pequeño destacamento de carabineros y unos pocos militares destinados a centros burocráticos. Algunos de ellos apoyaron la sublevación

El domingo 19, un grupo de falangistas armados se reunieron en la Casa de los Corcheros, a las órdenes de Fernando Aguinaco Blasco, con el objetivo de provocar a las milicias y hacer que la Guardia Civil se pusiera de su lado. Consiguieron la primera parte, pero no la segunda: las milicias acudieron al edificio, lo que provocó un enfrentamiento armado que se saldó con la muerte de Aguinaco, mientras que la Guardia Civil se prestó a detener a los falangistas concentrados en la casa. El intento de sublevación fue sofocado rápidamente en la capital de la provincia.

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Sublevación en Villarrobledo

Albacete fue, junto con Guadalajara y Toledo, una de las provincias en la que los jefes militares se comprometieron con la sublevación. En la capital, el golpe triunfó el día 19, mientras que en la provincia el éxito del golpe fue desigual: los sublevados fracasaron en los pueblos de la línea de comunicaciones Madrid-Alicante y en la mayor parte de pueblos de menor importancia, mientras que consiguieron hacerse con el poder en las localidades de la línea de comunicaciones Madrid-Cartagena, como Hellín, La Roda y Villarrobledo.

La noche del 19 de julio, Francisco Jiménez Córdoba, llegó a Villarrobledo desde Albacete con la orden de declarar el estado de guerra. Allí encabezaba la sublevación el falangista Jesús Ortiz: al día siguiente, un grupo de sublevados tomaron el Ayuntamiento y retiraron al alcalde, tomando el poder en la ciudad y deteniendo a los dirigentes izquierdistas. Los guardias civiles que habían participado en la sublevación abandonaron la localidad el día 24 para participar en la defensa de Albacete, dejando a los civiles a cargo de Villarrobledo. Fueron ellos quienes tuvieron que enfrentarse al ataque de las columnas republicanas que se dirigían desde los pueblos de Alcázar de San Juan, Campo de Criptana, Pedro Muñoz y Socuéllamos: ante la imposibilidad de vencer a estas fuerzas, el alcalde intentó parar la rendición, pero cayó víctima de un asesinato. Los falangistas a su alrededor se dispersaron y las fuerzas gubernamentales entraron en la ciudad, conquistando posiciones estratégicas desde la que controlaban la situación, como la fábrica de harinas y la iglesia, y tomando definitivamente Villarrobledo el día 25.

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Sublevación en La Roda

Albacete fue, junto con Guadalajara y Toledo, una de las provincias en la que los jefes militares se comprometieron con la sublevación. En la capital, el golpe triunfó el día 19, mientras que en la provincia el éxito del golpe fue desigual: los sublevados fracasaron en los pueblos de la línea de comunicaciones Madrid-Alicante y en la mayor parte de pueblos de menor importancia, mientras que consiguieron hacerse con el poder en las localidades de la línea de comunicaciones Madrid-Cartagena, como Hellín, Villarrobledo y La Roda.

En el caso de La Roda, el 18 de julio reinaba la tensión entre los partidarios de la sublevación y los leales, que estalló al día siguiente cuando la Guardia Civil se presentó en el Ayuntamiento, deponiendo al alcalde, y declarando el estado de guerra, tras lo cual clausuraron la Casa del Pueblo y procedieron a detener a izquierdistas del pueblo. Creyendo la situación controlada, los guardias civiles se dirigieron a Villarrobledo, dejando en La Roda a los civiles sublevados desde el 20 de julio. El día 25, al difundirse por la radio las noticias de que la provincia había sido conquistada por las tropas republicanas, parte de la población se lanzó a las calles y liberó a los presos, tras lo cual se persiguió, detuvo y en algunos casos se asesinó a alguno de los participantes de la sublevación.  

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Sublevación en Hellín

Albacete fue, junto con Guadalajara y Toledo, una de las provincias en la que los jefes militares se comprometieron con la sublevación. En la capital, el golpe triunfó el día 19, mientras que en la provincia el éxito del golpe fue desigual. 

En el caso de Hellín, las fuerzas de la Comandancia de la Guardia Civil se reunieron el mismo día 18 de julio en la casa cuartel de la localidad, apoyados por un grupo de falangistas. Por su parte, los miembros del Ayuntamiento y de fuerzas políticas leales a la República también se concentraron y repartieron armas, patrullando algunas calles y acudiendo el día 19 al cuartel de la Guardia Civil para evitar que se rebelasen. Sin embargo, los guardias estaban preparados para atacar a los asaltantes, así que estos se dispersaron, dejando el camino libre a que los sublevados se dirigieran al Ayuntamiento, detuvieran a sus integrantes y declararan el estado de guerra. El día 20 tenían controlada la situación, por lo que el capitán Serena Enamorado mandó a Albacete a parte de sus fuerzas. 

Ante las noticias de que columnas de leales se acercaban a Almansa, los sublevados acudieron al cuartel abandonando el Ayuntamiento, que fue tomado por su antigua corporación. Una columna de Murcia acompañada de un avión alcanzó Hellín el 22 de julio: el comandante Molina se dirigió allí con una fuerza integrada por cien voluntarios que poco podían hacer frente a la superioridad de las fuerzas leales. Tras hacerse con algunos prisioneros y dos baterías, el comandante dio por perdido Hellín y se dirigió a Albacete para organizar allí la resistencia. Dos días después, partían de un ya definitivamente republicano Hellín parte de las tropas que tomarían la capital al día siguiente.

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Sublevación en Almansa

Albacete fue, junto con Guadalajara y Toledo, una de las provincias en la que los jefes militares se comprometieron con la sublevación. El primer paso del plan resultó exitoso, haciéndose los sublevados con el control de la ciudad de Albacete el 19 de julio.  El segundo no lo fue tanto. Una vez tomada la capital, los sublevados mandaron tropas a los focos de resistencia en pueblos como Fuenteálamo, Montealegre, Almansa, Bone, Villa y otros, triunfando en todos ellos excepto en Almansa.

El 19 de julio de 1936, un grupo de guardias civiles liderado por el capitán Isaac Martínez Herreros se sumó al golpe de Estado, ocupando el Ayuntamiento y desplazando al alcalde socialista de Almansa, pero al poco tiempo abandonaron este lugar y no ocuparon los puntos estratégicos de la localidad. Así, el alcalde pudo regresar al Ayuntamiento al día siguiente, esta vez con apoyo armado, por lo que cuando Martínez Herreros trató de hacerse con el edificio de nuevo fracasó. El Gobernador civil de Alicante mandó una columna de guardias de asalto y milicias para ayudar a los leales, mientras que desde Albacete se mandaba otra de guardias civiles y falangistas con el objetivo de apoyar a los rebeldes de Almansa. El día 21 se produjeron enfrentamientos importantes: la columna enviada desde Albacete llegó a Almansa, mientras las fuerzas leales a la República organizaban la defensa de la localidad cortando las comunicaciones de esta. Al día siguiente, una columna liderada por Gillis Mercet alcanzó Almansa e inclinó definitivamente la balanza del lado de los leales.

Autora: ACP

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Sublevación en la provincia de Toledo

En la mayor parte de los pueblos de la provincia la sublevación no se produjo o fue sofocada a los pocos días: en el mundo rural no existía una trama conspiradora de envergadura o suficientemente coordinada. Sólo en una minoría de pueblos había círculos conspiradores que pasaron a la acción una vez se produjo el alzamiento. Por otro lado, la mayor parte de la Guardia Civil fue enviada a la ciudad de Toledo, según el plan establecido por el jefe de su Comandancia Provincial, Pedro Basart, lo que privó a los pueblos de un importante efectivo para desplegar la sublevación. Todo ello determinó que en la mayor parte de las localidades las fuerzas populares tomaran el control sin apenas violencia. Sólo en un corto número de municipios triunfó la sublevación, aunque temporalmente: en ellos, los círculos conspiradores sí tomaron la iniciativa, tomando el pueblo o sus puntos clave y resistiendo en esta posición hasta que las fuerzas gubernamentales y los sindicatos los desalojaron por la fuerza, en ocasiones después de varios días. En algunos casos se necesitó la llegada de milicianos de otras localidades vecinas para acabar con los sublevados. En otro grupo de localidades hubo enfrentamientos armados de pequeña envergadura entre las fuerzas populares y los partidarios de la sublevación, que se resolvieron pronto en favor de los primeros. En otros pueblos, generalmente los más pequeños, se hizo vida normal durante varios días porque no habían llegado las noticias de lo ocurrido o porque no había enfrentamientos previos de importancia en la localidad hasta que se enteraron de lo ocurrido por radio.

Autora: ACP

 

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Sublevación en la provincia de Ciudad Real

La conspiración en Ciudad Real estuvo liderada por civiles, ya que la Guardia Civil se mostró dubitativa y no había guarnición militar que pudiera tomar las riendas. Amadeo Mayor Macías, máximo representante de Falange en la provincia, fue la figura principal de la preparación del golpe, al que se sumaron Comunión Tradicionalista y Renovación Española.  Juan Antonio Solís Huéscar, falangista dueño de una empresa de transporte, utilizó ésta para repartir armas en diversos pueblos de la provincia previamente al golpe. El plan de los conspiradores consistía en iniciar la sublevación para ganarse el apoyo de la Guardia Civil, ya que esta fuerza era la más numerosa y estaba repartida por toda la provincia, mientras que los grupos carlistas y falangistas eran minoritarios y estaban desorganizados. Así, aunque en algunas poblaciones hubo intentos de unirse a la sublevación, en todas fueron desbaratados. De las 97 localidades de la provincia, sólo en dos pudieron los sublevados hacerse con algunas instituciones locales por un breve periodo de tiempo. En doce se produjeron enfrentamientos armados, aunque no triunfaron los sublevados, como en Puertollano y Ciudad Real. Otras doce experimentaron intentos de rebelión que fueron sofocados antes de que hubiera incidentes. En las 71 restantes no pasó nada.

En cuanto llegó la noticia de la sublevación, el gobernador civil, Germán Vidal Barreiro, reunió a los principales líderes de las formaciones del Frente Popular, que le manifestaron su adhesión a la República. Por su parte, los principales jefes de las fuerzas armadas, incluido el teniente coronel de la Guardia Civil, garantizaron su fidelidad al régimen: este fue clave a la hora de que en Ciudad Real fracasara la sublevación. Asimismo, Vidal ordeno la concentración de la Guardia Civil en la capital y la detención de los jefes y oficiales de los centros burocráticos, de los cuales algunos apoyaban la sublevación. Así, cuando el 18 de julio unos miembros de Comunión Tradicionalista visitaron a la Guardia Civil para pedirles armas, recibieron una clara negativa.

Autora: ACP

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