El Frente Sur del Tajo: Trinchera Franquista 9

Lo que en un primer momento se planea como un golpe militar en 1936, deriva en una guerra civil que se prolongará durante tres años. Esto en parte es debido a la manera de hacer la guerra, ya que desde la I GM el concepto es el de guerra de posiciones o trincheras.

Es un episodio que consiste en mantener el frente para evitar el avance del enemigo, por lo que las líneas de combate quedan estancadas llegando a prolongarse meses en el tiempo. Para llevar esto a cabo se realizan trincheras, que son zanjas con una profundidad media entre 0.70-1.80 metros y una anchura media entre los 50-60 centímetros. Estas trincheras se refuerzan en su parte superior con parapetos realizados en piedras, sacos terreros o madera. Además, presenta un trazado sinuoso para que en caso de impacto de proyectiles la metralla no viaje por los estrechos pasillos causando muchos más daños.

Un ejemplo en Castilla la-Mancha es Toledo, ya que, desde los primeros momentos de la guerra hasta su fin, hubo intensos combates en el frente sur del río Tajo, encontrando numerosos vestigios entre los que destacan trincheras, pozos de tirador y bunkers.

La trinchera nueve del bando sublevado se sitúa al noroeste de la venta de Juan Antonio y al sur de la trinchera ocho. Representa una trinchera de fisionomía semicircular de unos 60 metros localizada en una loma frente a la antigua venta. Lugar de paso del ejército franquista donde sufrieron hostilidades con fuego de ametralladora que fueron sofocadas el día siete de mayo de 1937 por el batallón 1º de Mérida.

 Autor:  GRM

El Frente Sur del Tajo: Trinchera Franquista 8

La trinchera ocho del bando sublevado se sitúa al noroeste de la venta de Juan Antonio y al sur de la trinchera siete. Representa una pareja de trincheras paralelas que protegen el cauce del arroyo Morterón que se sitúa a escasos metros.

Lo que en un primer momento se planea como un golpe militar en 1936, deriva en una guerra civil que se prolongará durante tres años. Esto en parte es debido a la manera de hacer la guerra, ya que desde la I GM el concepto es el de guerra de posiciones o trincheras.

Es un episodio que consiste en mantener el frente para evitar el avance del enemigo, por lo que las líneas de combate quedan estancadas llegando a prolongarse meses en el tiempo. Para llevar esto a cabo se realizan trincheras, que son zanjas con una profundidad media entre 0.70-1.80 metros y una anchura media entre los 50-60 centímetros. Estas trincheras se refuerzan en su parte superior con parapetos realizados en piedras, sacos terreros o madera. Además, presenta un trazado sinuoso para que en caso de impacto de proyectiles la metralla no viaje por los estrechos pasillos causando muchos más daños.

Un ejemplo en Castilla la-Mancha es Toledo, ya que, desde los primeros momentos de la guerra hasta su fin, hubo intensos combates en el frente sur del río Tajo, encontrando numerosos vestigios entre los que destacan trincheras, pozos de tirador y bunkers.

 Autor:  GRM

El Frente Sur del Tajo: Trinchera Franquista 7

 Lo que en un primer momento se planea como un golpe militar en 1936, deriva en una guerra civil que se prolongará durante tres años. Esto en parte es debido a la manera de hacer la guerra, ya que desde la I GM el concepto es el de guerra de posiciones o trincheras.

Es un episodio que consiste en mantener el frente para evitar el avance del enemigo, por lo que las líneas de combate quedan estancadas llegando a prolongarse meses en el tiempo. Para llevar esto a cabo se realizan trincheras, que son zanjas con una profundidad media entre 0.70-1.80 metros y una anchura media entre los 50-60 centímetros. Estas trincheras se refuerzan en su parte superior con parapetos realizados en piedras, sacos terreros o madera. Además, presenta un trazado sinuoso para que en caso de impacto de proyectiles la metralla no viaje por los estrechos pasillos causando muchos más daños.

Un ejemplo en Castilla la-Mancha es Toledo, ya que, desde los primeros momentos de la guerra hasta su fin, hubo intensos combates en el frente sur del río Tajo, encontrando numerosos vestigios entre los que destacan trincheras, pozos de tirador y bunkers.

La trinchera 7 del bando sublevado se sitúa al noroeste de la casa de Loeches. Representa una pequeña trinchera de fisionomía circular de apenas 40 metros de longitud en lo alto de una pequeña elevación. Está al este de la trinchera seis con la que forman la posición tres, una de las posiciones en la que más contacto hubo durante la batalla.

   Autor:  GRM

El Frente Sur del Tajo: Trinchera Franquista 6

La trinchera seis del bando sublevado se sitúa al sur de la urbanización Montesión. Representa una trinchera en una posición aislada. Es una trinchera corrida de unos 300 metros de largo que cuenta con una de apoyo. Está al oeste de la trinchera siete con la que forman la posición tres, una de las posiciones en la que más contacto hubo durante la batalla.

 Lo que en un primer momento se planea como un golpe militar en 1936, deriva en una guerra civil que se prolongará durante tres años. Esto en parte es debido a la manera de hacer la guerra, ya que desde la I GM el concepto es el de guerra de posiciones o trincheras.

Es un episodio que consiste en mantener el frente para evitar el avance del enemigo, por lo que las líneas de combate quedan estancadas llegando a prolongarse meses en el tiempo. Para llevar esto a cabo se realizan trincheras, que son zanjas con una profundidad media entre 0.70-1.80 metros y una anchura media entre los 50-60 centímetros. Estas trincheras se refuerzan en su parte superior con parapetos realizados en piedras, sacos terreros o madera. Además, presenta un trazado sinuoso para que en caso de impacto de proyectiles la metralla no viaje por los estrechos pasillos causando muchos más daños.

Un ejemplo en Castilla la-Mancha es Toledo, ya que, desde los primeros momentos de la guerra hasta su fin, hubo intensos combates en el frente sur del río Tajo, encontrando numerosos vestigios entre los que destacan trincheras, pozos de tirador y bunkers.

 Autor:  GRM

Convento de los Páules

 La violencia revolucionaria fue especialmente intensa en los primeros meses tras la derrota de los golpistas en Guadalajara. Esta oleada represiva estalló en los primeros momentos tras la conquista de la ciudad: los comités de sindicatos y partidos políticos se habían hecho con el poder en las calles, mientras que las instituciones oficiales se veían incapaces de imponerse. Las milicias locales fueron dueñas de las calles y como tales emprendieron la labor de represión del enemigo, empezando por los militares que habían liderado la sublevación y continuando con todos aquellos que consideraban sospechosos: personas de derechas, religiosos, grandes empresarios y propietarios.

Las milicias detenían a sus objetivos, generalmente por las noches, y les conducían a la Prisión Provincial y a sus propios centros de detención, denominados por la historiografía franquista como “checas”. El Convento de los Paúles, abandonado por esta congregación antes del estallido de la guerra, fue ocupado por el PCE, que lo convirtió en la sede del Quinto Regimiento. También cumplía las funciones de centro de detención para aquellos capturados por las milicias.

 Algunas de las personas que pasaron por el Convento fueron puestas en libertad, pero otras, tras ser interrogados y en ocasiones torturadas, eran conducidas al cementerio o al paraje conocido como Cuatrocaminos, en la carretera de Guadalajara hacia Chiloeches, donde se les fusilaba y abandonaba sus cadáveres.

Autora: ACP

Asesinato del Obispo de Sigüenza

Sigüenza era una de las localidades más importantes de la provincia de Guadalajara, tanto por su población como por su dinamismo: de hecho, había sido uno de los lugares en los que más conflictividad se había dado en los años previos a la guerra. De hecho, el presidente de la Casa del Pueblo fue asesinado días antes de la sublevación.

La represión republicana en Sigüenza fue más intensa incluso que en la capital de la provincia: se calcula que 42 personas fueron asesinadas por milicianos en las primeras semanas tras el golpe. Como sede del Obispado, esta violencia tuvo un foco especial en los religiosos, que constituyeron 15 de las víctimas totales. El obispo Eustaquio Nieto fue expulsado del Palacio Episcopal y detenido el día 25 de julio. Fue sometido a un juicio público tras el cual se le permitió volver a su domicilio. Dos días después, por la noche, fue nuevamente detenido por un grupo de milicianos y conducido a un punto situado entre Estriégana y Alcolea del Pinar, donde fue fusilado.

La violencia anticlerical desplegada en Sigüenza también afectó a sus edificios religiosos, que como la Catedral, el Palacio Episcopal o la parroquia de Santa María fueron asaltados por grupos de milicianos, si bien lo que más impacto tuvo en la Catedral fue la batalla que se libró entre las fuerzas republicanas refugiadas en el edificio y los asaltantes rebeldes en octubre de 1936.

Autora: ACP

Saca de Almansa

Como en muchas otras localidades de la provincia de Albacete y de la retaguardia republicana en general, en Almansa, a la derrota de la sublevación siguió una oleada de detenciones efectuadas por los grupos armados de milicianos que se habían hecho con el poder en las calles ante la impotencia de las autoridades oficiales. 

Las personas sometidas a estas detenciones respondían al perfil de lo q

ue los milicianos consideraban como sus enemigos: simpatizantes de la sublevación, personas de derechas, propietarios, empleadores y religiosos. Conducidas a la prisión de la localidad y a otros lugares habilitados como cárceles durante los primeros días tras el triunfo de las fuerzas populares, 26 de ellas fueron víctimas del fenómeno conocido como “sacas”: los milicianos acudían a estos centros de detención e imponiéndose a las autoridades sacaban a los presos y los llevaban a las afueras del pueblo, donde los ejecutaban y enterraban en fosas comunes.

La más importante de las “sacas” de Almansa tuvo lugar el 22 de agosto de 1936. Ese día 17 detenidos fueron extraídos de la prisión y conducidos a diversos parajes cercanos, en cuyas cunetas fueron fusilados y abandonados. Dos personas consiguieron escapar, pero tan sólo momentáneamente: fueron encontrados después y ejecutados entonces.

Los acusados de haber protagonizado estos crímenes fueron ejecutados por los Tribunales franquistas de la posguerra.

Autora: ACP

Fusilamientos en Quintanar de la Orden

Quintanar de la Orden fue uno de los lugares en los que tuvo lugar una ejecución masiva de personas por parte de las milicias en los primeros meses de la guerra. También constituye un ejemplo de la movilidad geográfica de estas milicias a la hora de cometer los asesinatos: los 24 fusilados del 23 de agosto de 1936 en el cementerio de la localidad toledana provenían de La Roda, Albacete, de cuyas cárceles habían sido “sacados” ese mismo día.

Unos días antes, un miembro del Comité de Enlace de La Roda había pasado por Quintanar de la Orden, a su regreso de un viaje a Madrid. En Quintanar se reunió con milicianos locales, en los que se acordó la entrega de los presos de La Roda a las milicias de Quintanar, del Batallón Pasionaria y de la Columna del Rosal.

El 23 de agosto, milicianos y miembros del Comité de Enlace trajeron a Quintanar 77 presos recién “sacados” de las cárceles de La Roda. A modo de procesión, los condujeron por Quintanar, los despojaron de sus posesiones y los encerraron en varios calabozos de la localidad. Dos grupos de 12 presos fueron vueltos a “sacar”, ya que se les condujo al cementerio y se les fusiló, enterrándoles allí mismo.

Al llegar las noticias de los asesinatos, el gobernador civil de Albacete, José Papí Albert, ordenó su detención y el traslado de los 53 presos supervivientes a la capital para que fueran debidamente custodiados.

Autora: ACP

Saca de La Roda

El 25 de julio, la radio del bar Molina traía a los rodenses la noticia de que en la provincia de Albacete se había derrotado la sublevación. Como consecuencia, la multitud salió a la calle a pedir la liberación de las personas encerradas en la cárcel por los sublevados, que se produjo inmediatamente.

A unos presos, sin embargo, sucedieron otros. Las milicias en armas, a las órdenes del Comité de Salud Pública que acababa de formarse, recorrieron las calles deteniendo a simpatizantes de la sublevación, personas de derechas, terratenientes, propietarios y religiosos: todos ellos considerados como enemigos. Hasta 170 personas fueron encerradas en la cárcel del Ayuntamiento y la de la casa-cuartel de la guerra civil, pero también otros espacios que fueron habilitados como prisiones como la Iglesia, la estación de ferrocarril, las escuelas o la casa de la Condesa de Villaleal.

Varios de estos presos fueron “sacados” – es decir, extraídos de las prisiones y fusilados – a lo largo de las primeras semanas de la guerra, de uno en uno o en grupos poco numerosos, y a cargo de grupos de milicianos no coordinados entre sí. La saca del 23 de agosto de 1936 fue, sin embargo, un ejemplo de coordinación entre el Comité de Enlace- heredero del de Salud Pública – y los milicianos de Quintanar de la Orden (Toledo). Ese día se sacaron 77 presos de la prisión de La Roda y de la Iglesia, y bajo el pretexto de que iban a ser trasladados a Albacete se les condujo a Quintanar. Allí se fusiló a 24: los asesinatos iban a ser continuados al día siguiente cuando José Papí, gobernador civil de Albacete ordenó su detención inmediata y el traslado de los 53 restantes a la capital para su salvaguarda.

Autora: ACP

Fosa en la Mina de las Cabezuelas en Camuñas

Los lugares de ejecución y de entierro en fosas comunes de las víctimas de la violencia ejercida en la zona republicana fueron, generalmente, las tapias de los cementerios: parajes situados en las afueras de las ciudades y pueblos o las cunetas de las carreteras de acceso a los mismos. En el caso de la fosa de Camuñas nos encontramos con una antigua mina romana que, en 1936, fue utilizada para arrojar los cadáveres de las personas asesinadas por las milicias de la zona.

A solicitud del arzobispado de Toledo, el equipo de Aranzadi dirigido por Francisco Etxeberria intervino en el pozo-mina de Las Cabezuelas en 2010. La excavación llegó a 30 metros de profundidad, donde se hallaron los esqueletos completos de 41 individuos y, bajo una capa de áridos y cal, los restos de un número indeterminado de personas. Se calcula que el número total de víctimas enterradas en la fosa podría ser de alrededor de 100.

La procedencia de las víctimas identificadas es variada, correspondiente a las localidades cercanas a la mina, principalmente de Toledo y de Ciudad Real. Una de ellas fue Federico Avengoza Remón de Moncada, sacerdote en Herencia, que fue detenido el 25 de noviembre de 1936, conducido a la casa de Gabriel Enríquez, convertida en centro de detención, y asesinado junto a otras 25 personas esa noche. 

La intervención en Las Cabezuelas constituye la más importante de una fosa de víctimas de la represión en la zona republicana en el periodo democrático.

Autora: ACP