Iglesia de la Asunción en Valdepeñas

Sacrarium o Relicario antes de la guerra. Imagen incluida en Catálogo monumental artístico-histórico de la provincia de Ciudad Real de Bernardo Portuondo (1917).

Durante la Guerra Civil las iglesias de Valdepeñas se vieron enormemente afectadas por la contienda a pesar de que la localidad no estuvo situada en zona de frente. Desde el año 1936 los templos de la localidad fueron tomados y saqueados por grupos de ideologías afines a la República. La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Valdepeñas fue usada como almacén y taller, así como vivienda para evacuados. Aunque no experimentó grandes daños estructurales, sí sufrió la pérdida de la práctica totalidad de sus imágenes devocionales y sus objetos litúrgicos.  

El retablo mayor fue desmontado y quemado pero, sin que aún hoy se sepa cómo, se salvaron seis pinturas sobre tabla de estilo renacentista que habían formado parte de su decoración. Una vez acabada la guerra fueron encontradas ocultas en el coro alto de la iglesia. Se trataba de piezas presumiblemente realizadas en el taller de Fernando Yañez de la Almedina, que fueron recuperadas, restauradas e incluidas en el nuevo retablo de 1958 donde se mantienen en la actualidad. En el edificio había otros retablos también desaparecidos como el de San Lorenzo, de estilo neoclásico y dedicado al patrón de la localidad, o el de la Piedad, situado muy cerca del anterior en la nave norte del templo y de estilo barroco. También se destruyeron los retablos de la Virgen de Gracia y el de San Ramón. Igualmente, fueron quemados el Órgano y el Sacrarium o Relicario que estaba en la sacristía y del que solo quedan las grisallas que lo enmarcaban pintadas en la pared. Entre las imágenes devocionales destruidas destaca un San Pedro, con tiara y vestiduras papales. La imagen de la Virgen de Consolación fue profanada aunque no destruida tirándola al suelo desde su hornacina del altar mayor, arrancándole los ojos y dañando sus manos.  

 

Autora: SGA

El Convento de las Carmelitas Descalzas

Foto actual del convento. Al fondo, la antigua prisión provincial, hoy Archivo Histórico Provincial.

El número de presos en la Prisión Provincial fue en aumento, especialmente, desde octubre de 1936. En estos momentos, las prácticas expeditivas del paseo y las sacas habían descendido bruscamente. La implantación y la progresiva actuación del Tribunal Especial Popular y del Jurado de Urgencia contribuyeron a ello. En el mejor de los casos, los desafectos eran detenidos y puestos a disposición de dichos organismos u otra autoridad competente, con el consiguiente encarcelamiento. Tanto la Prisión Provincial como la del Seminario se acabaron desbordando. Ante tal situación, bajo el impulso del director de la Provincial se llevó a efecto la propuesta de convertir el convento de las Carmelitas Descalzas en espacio de arresto. Pese a los pocos datos de que se dispone, se sabe que en septiembre de 1937 se iniciaron los trámites para habilitar el edificio y convertirlo en prisión provisional de mujeres, como derivación/adicción de la Provincial, a pocos metros. La dirección técnica de las obras se otorgó al arquitecto Javier Yarnoz Larrosa y su ejecución al aparejador del consejo municipal Jesús Carretero. Pero la falta de dirección y varios problemas con el presupuesto hicieron que dichas obras se alargaran, al menos, hasta junio de 1938. Además de mujeres (como Leonor Malla Fernández, vecina de Cuenca encarcelada en noviembre de 1938), entre sus muros también hubo decenas de hombres, sobre todo, en el otoño de 1938, detenidos para ser juzgados por el Tribunal Especial de Guardia (como ocurrió, por ejemplo, con Bienvenido Gabaldón Jaén, vecino de Pinarejo). Por otra parte, fueron expoliados varios de sus objetos y, otros, rescatados a tiempo por la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico. De acuerdo con algunos testimonios, esta prisión fue denominada irónicamente “el hotelito del Huécar” dadas las privilegiadas vistas de la ciudad desde su interior.

Autor: SNC

Seminario Conciliar de San Julián

El Seminario. Fuente: A. Martín (s.a). Portfolio fotográfico de España. Cupón nº 18 dedicado a Cuenca. Disponible en: https://www.flickr.com/photos/ceclm/albums/72157642586582963/with/13263646785/

El Seminario Conciliar se convirtió en otro de los espacios de mayor repercusión de la ciudad tras el golpe. Para empezar, aquí permanecieron los guardias civiles de toda la provincia que entre los días 26 y 29 de julio fueron llegando a Cuenca previa orden de concentración. Con este llamamiento el Gobernador perseguía unificar y asegurar el control de la Fuerza, además de evitar choques con los primeros milicianos e impedir su apoyo ante un hipotético levantamiento. En lo sucesivo, perdió su funcionalidad de adoctrinamiento para convertir sus dependencias, entre otras cosas, en cárcel. Su habilitación vino determinada por dos factores: primero, como consecuencia del desbordamiento de detenidos de la Prisión Provincial; y, segundo, prácticamente simultáneo, debido a la aprobación de un Decreto por parte del Ministerio de Instrucción Pública que afirmaba la urgente ocupación de edificios que las Congregaciones religiosas tenían destinados para la enseñanza. Además de un número indeterminado de civiles, aquí estuvieron encerrados el Obispo y varios sacerdotes tras su salida forzada del Palacio Episcopal. El día 8 de agosto, el Obispo, Cruz Laplana, y el canónigo de la catedral, Fernando Español Berdié, eran sacados de ella y asesinados, siendo las víctimas más simbólicas extraídas de esta prisión. Asimismo, cientos de obras de su Biblioteca y objetos de culto fueron destruidos o quemados en la plaza anexa, en un intento simbólico de sus protagonistas por atacar el viejo orden social y fundar la revolución social. Durante un tiempo estuvo controlada por la Columna del Rosal. A lo largo de la guerra, varias habitaciones del Seminario también sirvieron a la Caja de Soldado y de residencia/alojamiento de tropas como, por ejemplo, a los soldados del Batallón de Cuenca nº 2, a mediados de 1937. Durante 1938, muchos de los allí detenidos lo fueron por el SIM. Unas veces eran recluidos en la “celda general” y, otras, en las “de castigo”. Antonio Millán Villafranca, agente de dicho servicio, fue el jefe de la cárcel en aquellos momentos. Acabado el conflicto, el edificio siguió habilitado como cárcel, tras así solicitarlo el nuevo Gobierno Militar.

Los Jesuítas: Patrimonio en la Guerra

La iglesia, colegio y residencia de los jesuitas de la actual Plaza del Pilar tuvieron que desalojarse en 1932, tras decretarse la disolución de la Compañía de Jesús. En una sala de la residencia se inauguró en 1934 el Museo Provincial de Ciudad Real, con obras de los famosos artistas locales Ángel Andrade y Carlos Vázquez, que las entregaron en depósito sus propietarios, la Diputación Provincial y el Ayuntamiento, respectivamente. Además la colección siguió creciendo gracias a las donaciones del Museo Nacional de Arte Moderno. Durante la guerra, en este recinto se instaló también la Junta Provincial del Tesoro Artístico, que tenía como finalidad la protección del patrimonio de la provincia. Al ser mayoritariamente de carácter religioso, con el comienzo de la guerra y revolución en julio de 1936 había sufrido grandes pérdidas, por la furia iconoclasta de los revolucionarios. La Junta protegió la colección del Museo, que no sufrió ningún deterioro durante el conflicto, y además envió delegados por toda la provincia con el fin de incautarse de las principales piezas y llevarlas al depósito que tenía en sus instalaciones con el fin de protegerlas.

Pese a la escasez de efectivos y de medios su labor sería encomiable, como se puede deducir de la relación enviada a la Junta Central en el segundo semestre de 1938 sobre los objetos artísticos recogidos y conservados en su almacén y de los elogios tanto de los expertos de la República como de los miembros del Servicio de Recuperación franquista. Entre ellos había ciento ochenta y una pinturas, dieciséis esculturas, tres grabados y noventa y nueve piezas de artes industriales. También llevaron a cabo una estimable labor en cuestión de conservación de monumentos, destacando el Palacio de Álvaro de Bazán, de Viso del Marqués, y el retablo del Altar Mayor de la Catedral, obra de Giraldo de Merlo.

Autor: FAM

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La Catedral de Ciudad Real: Uso y destrucción de las iglesias y conventos

La destrucción de las iglesias y la quema de las imágenes religiosas fue una de las imágenes más comunes de casi todas las poblaciones de la España republicana en los primeros días de guerra, cuando el fracaso del golpe de Estado dio paso en el territorio controlado por la República a la revolución. En la Catedral de Ciudad Real los daños fueron muy importantes. El retablo, obra de Giraldo de Merlo, resultó mutilado. Todo el coro con su sillería de nogal fue destruido, también el sillón de Uclés y el órgano. Pero las pérdidas más significativas fueron la imagen de la Virgen del Prado, talla del siglo XIII, y gran parte de su tesoro. Entre este destacó la destrucción parcial del valioso Portapaz de Uclés,  encargado por los caballeros de la Orden de Santiago del Monasterio de Uclés al platero conquense Francisco Becerril para utilizar una placa de serpentina bizantina del siglo XI, traída probablemente en el período de las cruzadas, como objeto para dar la paz.  En 1876 fue depositado en la Catedral, al crearse el Obispado-Priorato de las Órdenes Militares. En 1986 fueron recuperadas algunas de sus piezas, que se exponen actualmente en el Museo Diocesano. Con el paso del tiempo, las autoridades fueron encauzando ese espíritu de destrucción hacia el uso de esos espacios para la comunidad. La Catedral de Ciudad Real se utilizó como Garaje municipal, la Iglesia de San Pedro como almacén de las fuerzas de Intendencia, la Iglesia de Santiago como alojamiento de fuerzas, la Iglesia de la Merced como depósito de Abastos, el Convento Siervas de María y el de Carmelitas como alojamiento de fuerzas, el Convento de Dominicas e Iglesia y el Convento de las Terreras como alojamiento de refugiados, el Colegio de Siervas Domésticas incautado por la CNT, el Palacio Episcopal sede del PCE, el Seminario Conciliar como Casa del Pueblo, el Colegio de los Marianistas como Cuartel de las Fuerzas de Asalto, el Colegio San José como Hospital de Sangre y las Ermitas de Las Casas, Alarcos, Valverde y La Poblachuela como alojamiento de refugiados.

Autor: FAM

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Autor: FAM

 

Campo de concentración de La Puebla

Los campos de concentración franquistas surgieron en las horas próximas a la sublevación del 18 de julio de 1936, y se fueron extendiendo con el avance del Ejército sublevado. Estos campos de concentración, según el historiador Javier Rodrigo, fueron centros de detención ilegal y extrajudiciales regidos por la administración militar y utilizados para internar y clasificar, sin juicio, a los prisioneros de guerra y evadidos republicanos. En un número menor de ocasiones, estos campos también albergaron a poblaciones civiles cuando la toma de un territorio implicaba la caída en bando sublevado de grandes masas de ciudadanos, así como a los refugiados de la Segunda Guerra Mundial procedentes de Francia.

De los 40 campos de concentración ubicados en Castilla-La Mancha gracias a las investigaciones de Carlos Hernández de Miguel, 13 de ellos se encontraron en la provincia de Ciudad Real, la mayoría de los cuales (10) tuvieron un carácter provisional, y tres de ellos fueron campos estables. Asimismo, solamente las ubicaciones de tres de ellos se han conseguido localizar por completo, mientras que 10 de estos campos no tienen una localización exacta.

Uno de los campos provisionales de la provincia de Ciudad Real es el conocido como campo de concentración de La Puebla, localizado en la finca del mismo nombre a 10 kilómetros al sur de Ciudad Real. Operó, al menos, en el mes de abril de 1939.

Autor: AVF

Campo de concentración de Almadén

Los campos de concentración franquistas surgieron en las horas próximas a la sublevación del 18 de julio de 1936, y se fueron extendiendo con el avance del Ejército sublevado. Estos campos de concentración, según el historiador Javier Rodrigo, fueron centros de detención ilegal y extrajudiciales regidos por la administración militar y utilizados para internar y clasificar, sin juicio, a los prisioneros de guerra y evadidos republicanos. En un número menor de ocasiones, estos campos también albergaron a poblaciones civiles cuando la toma de un territorio implicaba la caída en bando sublevado de grandes masas de ciudadanos, así como a los refugiados de la Segunda Guerra Mundial procedentes de Francia.

De los 40 campos de concentración ubicados en Castilla-La Mancha gracias a las investigaciones de Carlos Hernández de Miguel, 13 de ellos se encontraron en la provincia de Ciudad Real, la mayoría de los cuales (10) tuvieron un carácter provisional, y tres de ellos fueron campos estables. Asimismo, solamente las ubicaciones de tres de ellos se han conseguido localizar por completo, mientras que 10 de estos campos no tienen una localización exacta.

Es el caso del campo de concentración provisional de Almadén, de cuya localización no se tienen datos. Se mantuvo en funcionamiento, al menos, durante los meses de marzo y abril de 1939.

Autor: AVF

Campo de concentración de Tembleque

Los campos de concentración franquistas surgieron en las horas próximas a la sublevación del 18 de julio de 1936, y se fueron extendiendo con el avance del Ejército sublevado. Estos campos de concentración, según el historiador Javier Rodrigo, fueron centros de detención ilegal y extrajudiciales regidos por la administración militar y utilizados para internar y clasificar, sin juicio, a los prisioneros de guerra y evadidos republicanos. En un número menor de ocasiones, estos campos también albergaron a poblaciones civiles cuando la toma de un territorio implicaba la caída en bando sublevado de grandes masas de ciudadanos, así como a los refugiados de la Segunda Guerra Mundial procedentes de Francia.

De los 40 campos de concentración ubicados en Castilla-La Mancha gracias a las investigaciones de Carlos Hernández de Miguel, 12 de ellos se encontraron en la provincia de Toledo, teniendo cinco de ellos un carácter provisional, 6 fueron campos estables e incluso uno de ellos, Talavera de la Reina, fue un campo de concentración de larga duración. Solamente se conoce la ubicación exacta de dos de estos campos, mientras que, de la mayoría restante, diez, no se conoce su ubicación o se conoce sin exactitud.

Es el caso del campo de concentración de Tembleque, del que, a pesar de que no se conoce con certeza su ubicación, pero que pudo encontrarse en la “Cárcel de Tembleque” en la Plaza Mayor, edificio solariego del siglo XVII. Fue un campo provisional, que operó durante abril de 1939, y que rondó el millar de prisioneros, hasta ser trasladados al campo de concentración-cárcel de Lillo.

Autor: AVF

Campo de concentración de Talavera de la Reina, Casa de Labranza de Valdehigueras

Los campos de concentración franquistas surgieron en las horas próximas a la sublevación del 18 de julio de 1936, y se fueron extendiendo con el avance del Ejército sublevado, como centros de detención ilegal y extrajudiciales regidos por la administración militar y utilizados para internar y clasificar, sin juicio, a los prisioneros de guerra y evadidos republicanos. Estos campos también albergaron a poblaciones civiles cuando la toma de un territorio implicaba la caída en bando sublevado de grandes masas de ciudadanos.

De los 40 campos de concentración ubicados en Castilla-La Mancha gracias a las investigaciones de Carlos Hernández de Miguel, 12 de ellos se encontraron en la provincia de Toledo, teniendo cinco de ellos un carácter provisional, 6 fueron campos estables e incluso uno de ellos, Talavera de la Reina, fue un campo de concentración de larga duración. Solamente se conoce la ubicación exacta de dos de estos campos, mientras que, de la mayoría restante, diez, no se conoce su ubicación o se conoce sin exactitud.

En Talavera de la Reina se encuentra el único campo de larga duración de Castilla-La Mancha, que se mantuvo en funcionamiento en la Fábrica de Sedas desde junio de 1937 hasta el 1 de julio de 1939, fecha en la que se convirtió en prisión. En el período previo al fin de la guerra, es decir, desde junio de 1937 hasta abril de 1939, mantuvo una media de 500 prisioneros; concluido el conflicto, superó los 2.300 prisioneros, al absorber tanto grandes masas de soldados republicanos como los prisioneros recluidos en la Casa de labranza de Valdehigueras, a 3 km de Talavera, que fue clausurado en junio de 1939. Tras la guerra, el otrora campo de concentración de la Seda pasó a ser prisión, encontrándose en 1940 más de 2.000 prisioneros.

Autor: AVF

Campo de concentración de Talavera de la Reina, Casa de Hilanza de la Real Fábrica de Seda

Los campos de concentración franquistas surgieron en las horas próximas a la sublevación del 18 de julio de 1936, y se fueron extendiendo con el avance del Ejército sublevado, como centros de detención ilegal y extrajudiciales regidos por la administración militar y utilizados para internar y clasificar, sin juicio, a los prisioneros de guerra y evadidos republicanos. Estos campos también albergaron a poblaciones civiles cuando la toma de un territorio implicaba la caída en bando sublevado de grandes masas de ciudadanos.

De los 40 campos de concentración ubicados en Castilla-La Mancha gracias a las investigaciones de Carlos Hernández de Miguel, 12 de ellos se encontraron en la provincia de Toledo, teniendo cinco de ellos un carácter provisional, 6 fueron campos estables e incluso uno de ellos, Talavera de la Reina, fue un campo de concentración de larga duración. Solamente se conoce la ubicación exacta de dos de estos campos, mientras que, de la mayoría restante, diez, no se conoce su ubicación o se conoce sin exactitud.

En Talavera de la Reina se encuentra el único campo de larga duración de Castilla-La Mancha, que se mantuvo en funcionamiento en la Fábrica de Sedas desde junio de 1937 hasta el 1 de julio de 1939, fecha en la que se convirtió en prisión. En el período previo al fin de la guerra, es decir, desde junio de 1937 hasta abril de 1939, mantuvo una media de 500 prisioneros; concluido el conflicto, superó los 2.300 prisioneros, al absorber tanto grandes masas de soldados republicanos como los prisioneros recluidos en la Casa de labranza de Valdehigueras, a 3 km de Talavera, que fue clausurado en junio de 1939. Tras la guerra, el otrora campo de concentración de la Seda pasó a ser prisión, encontrándose en 1940 más de 2.000 prisioneros.

Autor: AVF