Maternidad en Casas de Benítez (Cuenca)

Los evacuados andaluces, extremeños y toledanos que generaba la marcha hacia Madrid, en los meses de agosto, septiembre y octubre de 1936, buscaron refugio sobre todo en las provincias de Ciudad Real, Toledo (sur del Tajo) y Madrid. A la capital de la República fueron llegando evacuados de forma masiva desde las primeras jornadas de la guerra. La gran ciudad a muchos les parecía más segura porque permitía vivir de forma anónima, siendo menos reconocidos que en los pequeños pueblos o ciudades, situación que les hacía mitigar en parte el miedo. Otros muchos tenían familiares, con lo que se sentían más protegidos. A Madrid habían llegado en pocas semanas cerca de 500.000 personas, prácticamente la mitad de su población en 1936. La situación adquirió tal dramatismo que las autoridades decidieron proceder a la evacuación de la mayoría de los refugiados. Desde noviembre hasta el 18 de diciembre de 1936 se realizaron diariamente unas siete mil evacuaciones por carretera y más de dos mil por ferrocarril. Entre los destinos preferidos por las autoridades estaban Levante, Murcia, Cataluña y las provincias cercanas, como Ciudad Real y Cuenca. El 21 de diciembre de 1936 se organizó la primera expedición de mujeres en período de gestación, con destino a la Maternidad de Casas de Benítez (Cuenca). La expedición estaba integrada por 40 mujeres y 83 niños hijos suyos menores de seis años, que fueron instalados en la Guardería infantil aneja a la Maternidad. Además, viajaban dos médicos y dos comadronas.

Para saber más sobre el humanitarismo en guerra

La reunión del Aeródromo de los Llanos

Base aérea de Los Llanos después de la guerra civil. Biblioteca Digital de Castilla La Mancha, Fondo Luis Escobar.

Ubicada entre el popular paraje de La Pulgosa y terrenos de la finca de Los Llanos, el origen de la base aérea se remonta a 1913, cuando el Parque de Aerostación de Guadalajara se interesó por la posibilidad de disponer de una infraestructura en la ciudad. El Ayuntamiento dio satisfacción a la demanda y aprobó una instalación entre los mencionados parajes, que acabarían contando con la autorización el Ministerio de la Guerra en 1916. Sin embargo, el primer aeródromo de la ciudad se situó en lo que hoy se conoce como La Torrecica (antigua finca La Torrecilla), cuando en 1917, y por iniciativa de la Aviación Miliar, se decidió construir un pequeño campo de aviación para apoyar a las bases de Cuatro Vientos y Los Alcázares. El campo comenzó a funcionar en 1923, y en 1924 se instaló allí la Compañía Española de Aviación para formar pilotos civiles. La CEA se trasladó en 1927 a las instalaciones del nuevo campo de aviación (más de 50 hectáreas) de la finca Los Llanos, que se inauguraron oficialmente en abril de 1929. La escuela de pilotos de la CEA abandonó el aeródromo de Los Llanos en 1932 debido a las restricciones presupuestarias del Ministerio de la Guerra, sin que ello supusiera el cierre de las instalaciones. Con la guerra civil el aeropuerto fue utilizado por los sublevados durante la semana en la que pretendieron controlar la ciudad de Albacete, y posteriormente por el gobierno de la República. Tras la guerra el nuevo Ejército del Aire instaló una escuadra de bombarderos con los restos de la aviación del derrotado gobierno republicano, y se creó la Maestranza Área, origen todo ello de las actuales instalaciones del Ala 14.

Al margen de su trascendencia militar y logística, la base aérea y sus inmediaciones acogieron el día 16 de febrero de 1939 una reunión decisiva que marcaría el tramo final de la guerra civil y el destino de la República española. A petición del coronel Segismundo Casado, partidario de acabar con la guerra cuando antes por la vía de la rendición, el presidente del Gobierno, el socialista Juan Negrín, accedió a reunirse con sus principales responsables militares en el aeródromo de Los Llanos (Albacete). Negrín, firme defensor de una resistencia a ultranza a la espera de algún movimiento en el tablero internacional que modificase la posición de británicos y franceses frente a la Alemania hitleriana aliada de Franco, tuvo que escuchar como todos sus mandos militares, con la excepción de Miaja, se mostraban reacios a continuar con la guerra. La orden del presidente fue, por el contrario, continuar resistiendo.

El coronel Casado, que llevaba meses en discreto contacto con Franco para negociar la capitulación y a quien filtró el contenido de la reunión en Albacete, puso inmediatamente en marcha su conspiración para derribar al gobierno mediante un golpe de Estado que se materializó el 5 de marzo de 1939 y del que participaron, entre otros, el general Miaja, los socialistas Julián Besteiro y Wenceslao Carrillo, o el cenetista Cipriano Mera. Todos acusaron a Negrín de carecer de legitimidad tras la declaración del estado de guerra en la zona republicana, y lo calificaron de traidor, por considerar que su postura resistente obedecía solo su subordinación a los intereses de la URSS; un argumento este último que coincidía con la campaña de derrotismo y desaliento que sembraba la “quinta columna” instalada entre las filas republicanas. El golpe de Casado originó una “pequeña guerra civil” dentro de la guerra civil entre fuerzas militares casadistas y resistentes comunistas con Madrid como principal escenario, pero no el único. El nuevo órgano gubernamental formado por Casado, el Consejo Nacional de Defensa, encontró resistencias adicionales en Ciudad Real, Cartagena, Valencia y, aunque mínima, también en Albacete, pero fue bien acogido en la mayor parte del territorio republicano. Tras el golpe, la España republicana se desmoronó y los objetivos de la insurrección activada en Los Llanos, que no eran otros que lograr una paz digna y honrosa para el restablecimiento de la concordia nacional, fueron rechazados por Franco.

ANL

Ruta de guerra en Ciudad Real

Ruta de guerra en Ciudad Real. Elaboración: Alba Nueda Lozano

En la provincia de Ciudad Real no hubo frentes de combate, permaneciendo en la retaguardia republicana de principio a fin de la guerra. Sin embargo, en la capital se pueden seguir numerosos acontecimientos del conflicto. Los principales conforman esta ruta que se presenta con las localizaciones, una breve explicación, un análisis más detallado (Para saber más) y un repertorio de fotografías antiguas y actuales para visualizar los lugares de la memoria. Estos acontecimientos seleccionados van desde la propia sublevación de falangistas del 19 de julio de 1936 hasta las repercusiones de la sublevación del coronel Casado en marzo de 1939 (con el encierro de comunistas civiles y militares en el Palacio Rojo), pasando por temáticas como las incautaciones, la vida cotidiana, el hambre, la política, etc. En total, se compone de veinte puntos sobre el mapa de Ciudad Real en los que aunque en general hay pocos rastros y vestigios, si podemos considerarlos lugares de la memoria de nuestra guerra, para recuerdo de curiosos, aficionados de la historia y amantes de la ciudad.

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Ruta de guerra en Ciudad Real 

Cementerio municipal de Ciudad Real: la represión de posguerra

Memorial en la fosa de Ciudad Real. Fotografía de Sandra Beldad Collado

El Cementerio Municipal se convirtió, al finalizar la guerra, en el lugar donde se llevaron a cabo la mayor parte de ejecuciones en virtud de las sentencias de los consejos de guerra. Los fusilamientos eran ejecutados al amanecer en su gran mayoría en la parte exterior del cementerio por unidades disciplinadas del Ejército En un primer momento, los fusilados eran de Ciudad Real o de su partido judicial. A partir de 1941 todas las ejecuciones de la provincia se concentraron en la capital. La represión en Ciudad Real se llevó la vida de 988 personas, la mayor parte hombres que eran condenados por su actuación desde la revolución de octubre de 1934 hasta el 31 de marzo de 1939. De todas las víctimas de la represión de posguerra en la capital, 150 sabemos con seguridad que residían en Ciudad Real. En sus anejos de Valverde y Las Casas, 7. El resto procedía de todas las poblaciones de la provincia. La gran mayoría de los 988 ejecutados eran trabajadores del campo: 492, lo que representaba el 49,79 %. Los albañiles, con 70 víctimas, eran la segunda profesión más castigada. Le seguían los ferroviarios con 40, y los mineros con 30. De 49 no tenemos constancia de su profesión. De los casi mil fusilados, sólo 21 pertenecían a profesiones con cierto nivel cultural: médicos, veterinarios, maestros nacionales, practicantes, abogados, procuradores y secretarios judiciales o municipales, a los que hay que añadir el caso de un jefe de Prisión (José Calvo García, de Almodóvar) y el más extraño todavía de un sacerdote (Julio de la Cruz Ruiz, natural de Malagón). La edad media de todos los ejecutados era de 36 años. Las mujeres ejecutadas sumaron 15 (1,51 %), de las que tres eran de la capital: Camila Solís Bellón, Gregoria Elena Tortajada y Milagros Atienza. La mayor parte de los cadáveres fueron arrojados a una fosa, que hoy día se ha dignificado como reconocimiento “a los que dieron su vida por la libertad y la democracia”, según consta en la placa conmemorativa.

Autor: FAM

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La Estación de Ferrocarril de Ciudad Real: batallones y milicianos marchan al frente

Batallón Adelante desfilando por la calle Toledo Fuente: CECLM

La Estación de Ferrocarril, situada en la Ronda de Ciruela, tuvo durante la guerra una intensa actividad de carácter militar, porque en la ciudad se reclutaron e instruyeron a numerosos batallones de milicianos voluntarios durante los primeros meses de guerra y, después, varias unidades militares del Ejército Popular de la República. La provincia de Ciudad Real permaneció durante todo el conflicto bélico en la retaguardia republicana, lo que favorecía la organización en ella de numerosos servicios militares, relacionados con la sanidad e instrucción, principalmente. La calle Alfonso X el Sabio (actualmente Ciruela) fue el paseo obligado para muchos de estos soldados que iban a tomar un tren que les llevara hacia el frente. También la calle General Espartero (actualmente Toledo) fue testigo mudo de la guerra. Por ella desfilaron en numerosas ocasiones los batallones de milicianos voluntarios que iban o volvían de la Atalaya de realizar ejercicios de tiro. En los primeros meses de guerra, el entusiasmo revolucionario hizo que muchos jóvenes y hombres de edad madura se enrolaran voluntariamente en batallones de milicianos. Los más famosos del momento fueron la denominada Columna de Miajadas y el Batallón Adelante. La primera, con unos mil hombres de la capital, salía el 30 de julio de 1936 con destino a la población cacereña en medio del entusiasmo popular. A mediados de agosto comenzó a organizarse en la capital una nueva unidad de milicianos, el Batallón Adelante. Alojado en el antiguo Colegio de Marianistas, realizó sus ejercicios de tiro e instrucción en la Atalaya. El día 4 de septiembre marchó hacia su objetivo: Talavera de la Reina. El domingo 13 de septiembre se encontraba en Ciudad Real todo el batallón para asistir al entierro de su prestigioso sargento Francisco Adámez. Ya no volvería a salir. Su comandante fue despojado de su estrella por abandonar a sus hombres en plena acción de combate, según la versión más extendida. Los líderes políticos se convirtieron de repente en jefes militares, con gran desconocimiento de la estrategia y técnica militar.

Autor: FAM

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El Casino: Corrupción y Quinta Columna

Este emblemático edificio, inaugurado en 1887 como Casino, fue incautado el 27 de julio de 1936 y en él se instalaron diversos servicios militares, como la Comandancia Militar, Centro de Reclutamiento, Instrucción y Movilización (CRIM), Tribunal Médico Militar y Hospital de Sangre, entre otros. Desde finales de 1937, la corrupción era evidente en los centros oficiales de carácter militar, donde se vendían puestos y favores y una auténtica organización facilitaba la deserción hacia la zona enemiga o las declaraciones de inutilidad a precio fijo saboteando el reclutamiento de muchos jóvenes. Se les suministraban medicinas o productos que alteraban momentáneamente su estado físico o les facilitaban el paso a la zona enemiga mediante expediciones organizadas a través de los Montes de Toledo. En enero de 1938, las autoridades militares ordenaban la depuración de la Comandancia Militar, el Batallón de Retaguardia y la Caja de Reclutamiento. Del 8 al 13 de abril de 1938, cuando el Tribunal Médico Militar de Ciudad Real se dedicó a la revisión de sus fallos, se pasaportaron para los frentes nada menos que a 3.500 hombres. Un 75 % de los anteriormente declarados inútiles para el frente, aunque aptos para servicios auxiliares, fueron declarados útiles para todo servicio. También fueron enviados al frente unos 300 soldados que prolongaban sus permisos de manera injustificada. El 29 de marzo de 1939 quedó arrestado en el Casino Militar de Ciudad Real el general Antonio Escobar, jefe del Ejército de Extremadura, que había sido detenido en su puesto de mando tras rendir sus tropas al general Juan Yagüe, jefe del Cuerpo de Ejército Marroquí, tres días antes. La conocida como “ofensiva de la victoria” había llegado a la provincia de Ciudad Real el día 26 y las cuantiosas fuerzas militares que la protagonizaban se fueron esparciendo por toda la provincia sin apenas resistencia. El día 28, la capital se puso en manos de las nuevas autoridades franquistas. El 1 de abril de 1939, el general Francisco Franco firmaba el último parte de guerra. La guerra había terminado.

Autor: FAM

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Sublevación en el Palacio Episcopal de Ciudad Real

 

La descomposición de la República en los últimos meses de la guerra tuvo varios episodios que fueron mermando su prestigio nacional e internacional. Entre ellos está el golpe de Estado de Segismundo Casado, hasta entonces jefe del Ejército del Centro, el 5 de marzo de 1939. La guerra terminaba como había comenzado, con un golpe militar. Pero en esta ocasión se producía en el seno del bando republicano. La sublevación del coronel Casado acabó con el gobierno del doctor Juan Negrín e implantó un Consejo Nacional de Defensa encargado de la gobernabilidad del régimen republicano con dos funciones principales: negociar la paz y acabar con lo que muchos entendían como predominio comunista en las instituciones políticas y militares de la República. La sublevación provocó la respuesta de diversas unidades militares de carácter comunista en varias ciudades, especialmente en Madrid. También en Ciudad Real. En la capital manchega, los principales líderes comunistas civiles y militares se hicieron fuerte en la sede del PCE, el Palacio Rojo, ubicado en la calle Caballeros. El Palacio Episcopal, inaugurado en 1887, había sido incautado al comienzo de la guerra. El 11 de marzo, tropas anarquistas hicieron fuego de artillería y fusilería desde edificios cercanos, consiguiendo reducir a los sublevados contra las nuevas autoridades, a las que se negaban a reconocer. Esta constituyó la única operación militar de la guerra en la capital de la provincia, pero entre fuerzas militares de la propia República. Los disparos y las bombas volvían a Ciudad Real desde los acontecimientos del 19 de julio de 1936, cuando se inició la rebelión por los falangistas en la Casa de los Corcheros. En las rejas del edificio, actualmente Obispado de la diócesis de Ciudad Real, se pueden ver los impactos de la metralla de los acontecimientos del 11 de marzo, únicos restos de las balas de la guerra en la capital de la provincia.

Autor: FAM

Para saber más sobre la sublevación en el Palacio Episcopal de marzo de 1939

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Para saber más sobre la Sublevación en Ciudad Real

La ofensiva final en Ciudad Real: 

Los intentos de negociación de Casado, en nombre del Consejo de Defensa, fracasaron ante la negativa de Franco de acceder a nada más que la rendición incondicional de la República.

La Ofensiva de la Victoria llegó a la provincia de Ciudad Real de la mano del Ejército del Sur, comandado por el general Queipo de Llano, y el del Centro, del general Saliquet. El 27 de marzo de 1939, las tropas de Queipo tomaban Almadén: a partir de entonces, los ejércitos de ambos generales se extendieron por toda la provincia.

Dos días después, el 29 de marzo, las tropas victoriosas entraban en la capital, Ciudad Real, que sin embargo ya estaba controlada por sus simpatizantes. El día anterior, coincidiendo con la caída de Madrid, los quintacolumnistas de Ciudad Real habían salido a las calles y ocupado los edificios clave de la ciudad: las principales instituciones y medios de comunicación estaban en sus manos antes de que llegara el Ejército, lo que contribuyó a un traspaso del poder sin incidentes.

Autora: ACP

Las Once Puertas: Incautaciones y colectivizaciones comerciales e industriales

“Las Once Puertas” era uno de los comercios más populares de Ciudad Real, ubicado en pleno centro de la ciudad y dedicado a la venta de muebles y concesionario de automóviles, como Ford. En los primeros meses de guerra, la UGT se incautó de él. Como pasó en otros muchos comercios e industrias de la capital, la revolución se llevó por delante a sus propietarios, que fueron despojados de sus negocios y de su vida. Las organizaciones obreras que se incautaron de los establecimientos pasaron a controlar su funcionamiento y producción, en unos casos bajo régimen colectivo en otros bajo control obrero.

En enero de 1937, las más importantes industrias y comercios de la capital habían sido ya incautadas por las diversas secciones de la UGT: Fábrica de Electricidad Juan Ayala y Mira (Sociedad de Electricistas y Similares); Garajes Ford y Chevrolet y Empresa de Autobuses de Juan Antonio Solís, concesionaria de casi todas las líneas de transporte por carretera en la provincia, tanto de viajeros como de mercancías y correo, que estaba constituida por un garaje de grandes dimensiones, talleres de todas clases, existencias de piezas y herramientas, despachos y oficinas, y gran cantidad de autobuses (Sindicato de Transportes); Gran Hotel, Hotel Pizarroso, Restaurant Covadonga, Bar Mari Paz, Bar Usero y Bar Cubano (Sociedad de Camareros, Cocineros y Similares La Unión Manchega). A ellas habría que sumar dos imprentas, Tipografía Alpha y Establecimiento de Enrique Pérez, la primera cedida por su dueña y la segunda incautada por la Sección Mixta de la Federación Gráfica Española.

La mayor parte de la industria de la ciudad fue incautada y colectivizada por iniciativa de la UGT y la CNT. Se establecieron al menos ocho colectividades que agruparon a la totalidad de industrias y sectores del ramo: Colectividad Gráfico-Librera, Colectividad de Barberos, Colectividad de Pintores Decoradores, Colectividad del Ramo de la Madera, Colectividad de Mosaiquistas, Comité de Espectáculos Públicos, Colectividad del Jabón y Colectividad El Progreso, dedicada a la producción de vino.

Autor: FAM

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Ayuntamiento de Ciudad Real

En años de enormes dificultades como los de la guerra, el Consejo Municipal (Ayuntamiento) tuvo que desplegar una intensa actividad para resolver los muchos problemas de los ciudadanos, como la escasez de alimentos y artículos básicos, la insuficiencia de dinero y el incremento de la población, por la llegada continua de refugiados. Los establecimientos comerciales resultaron lugares estratégicos para toda la población y para las organizaciones obreras e instituciones públicas. Los alimentos y artículos de primera necesidad comenzaron pronto a escasear, aún en una provincia eminentemente agraria como Ciudad Real. Esta escasez fue más aguda en la propia capital, ciudad de servicios y de comercio. Por eso las autoridades municipales tuvieron que emprender diversas medidas con el fin de regular la distribución de productos, buscando un reparto equitativo en función del número de miembros de cada familia y de la cantidad de población refugiada que acogiera. El Consejo Municipal de Ciudad Real estableció en 1937 la cartilla de racionamiento para realizar el reparto y evitar las colas ante el suministro de víveres en los establecimientos comerciales. El lugar más transitado de este período fue el Mercado viejo o Mercado Nuestra Señora del Prado, situado en pleno centro de la ciudad. Se había inaugurado en 1911. Se trataba del primer mercado estable de la ciudad, que venía a sustituir al que semanalmente se celebraba en la plaza del Ayuntamiento.

También en ese mismo año de 1937, el Consejo Municipal procedió a emitir vales garantizados que sustituían al dinero de curso legal hasta entonces, que apenas circulaba ya. El papel moneda fue confeccionado en los colores rojo (una peseta), café (0,50) y azul (0,25). En el anverso aparecía litografiado el escudo de Ciudad Real y en el reverso la Puerta de Toledo. En enero de 1938 el Gobierno estimó resuelta la oferta monetaria, por lo que ordenó la retirada de todos los vales, monedas, billetes y bonos de emisión local, y su sustitución por la moneda y billetes emitidos por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. En Ciudad Real se acordó su retirada el 14 de mayo, procediendo posteriormente a su quema y destrucción.

Autor: FAM

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Banco de España: La extorsión económica

El Banco de España construyó su flamante sucursal en la actual Plaza del Pilar en 1904, según el proyecto del famoso arquitecto Sebastián Rebollar. La plaza de convirtió en el centro bancario de la capital, con grandes edificios pertenecientes al Banco de España, Banco Central y Banco Español de Crédito. Durante la guerra, las reservas de la sucursal del Banco de España en Ciudad Real aumentaron considerablemente hasta que tuvo que entregarlas al Estado para el sostenimiento de la guerra. El incremento vino en primer lugar por el traslado de las reservas del Banco de España de Don Benito, ante el peligro que corría esta ciudad extremeña por el avance de las tropas del general Franco hacia Madrid. Posteriormente, el banco se encargó de recoger todo el oro, divisas y valores extranjeros en manos particulares, según la normativa oficial del Gobierno republicano. Más tarde, se obligó a entregar en depósito todas las joyas, piedras preciosas, perlas o metales preciosos. Además, las sucursales bancarias de la ciudad sufrieron numerosos quebrantamientos de depósitos y de cuentas corrientes que fueron a parar al Banco de España. También fueron frecuentes las “aportaciones voluntarias” de las clases más acomodadas de la ciudad, a las que se obligó continuamente a donar dinero o bienes para el sostenimiento del Ayuntamiento, Diputación Provincial y otras necesidades públicas. Muchos de esos donantes fueron asesinados en diciembre de 1936, cuando ya prácticamente se habían quedado sin bienes que ceder. Al finalizar la guerra quedó en las sucursales del Banco de España en Ciudad Real y Valdepeñas un remanente de pesetas considerable: 277.638.937 y 197.982.270, respectivamente.

Autor: FAM

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