PROYECTO DE EXHUMACIÓN DE LA FOSA COMÚN DE CHINCHILLA DE MONTEARAGÓN
REALIZADO POR EL LABORATORIO DE ARQUEOLOGÍA FORENSE DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID
El 7 de agosto de 1939 fueron fusiladas tres personas en Chinchilla, Albacete: Se trataba de José Sahuquillo Valera, José Tendero Martínez, de 60 y 55 años respectivamente, ambos condenados a pena de muerte por el Consejo de Guerra Permanente nº 8 de La Roda, en la causa 119 del citado consejo.
Junto a ellos fue trasladado desde la misma localidad al penal de Chinchilla, Dídimo Martínez Ponce, de 27 años, también militante comunista; incurso en otra causa diferente y fusilado el mismo día.
Posiblemente al día siguiente (o en fecha inmediata), se les unió otro individuo, Antonio Beleña Garrido, de 43 años en el momento de la muerte. Todos ellos vecinos de Madrigueras.
Los cuatro fueron enterrados en el espacio del cementerio civil de Chinchilla, en la primera fosa de represaliados de la Causa General. Junto a esta fosa o próxima se encuentra otra fosa, con 23 individuos, todos ellos fusilados en este penal, pero ya de fechas posteriores, correspondientes a las ejecuciones de la aplicación ordinaria de la causa general.
En el mismo cementerio figuran al menos otros dos fusilados de Chinchilla, pero ejecutados en Albacete y cuyas familias pudieron traerlos a su localidad de origen.
Del mismo cementerio fueron exhumados nueve cuerpos de militantes falangistas muertos en enfrentamiento con fuerzas locales al tratar de alcanzar la zona rebelde al comienzo de la guerra. Los restos fueron trasladados al Valle de los Caídos, aunque sólo consta que se llevaron 8, no sabiéndose el paradero del noveno, ni su identidad.
Esta es toda la información disponible hasta la fecha sobre los individuos inhumados en el cementerio de la localidad de Chinchilla.
OBJETIVO DE LA INTERVENCIÓN:
La intervención propuesta consiste en localizar y exhumar los restos de los cuatro fusilados en agosto del 39, lo que denominamos Chinchilla I, para distinguirla de la II que debe alojar las 23 víctimas de represión posterior.
El objetivo es exhumar para identificar los restos y entregarlos a sus familiares, de los que dos
-familia entre sí- son activamente buscados por los suyos desde hace años, y de los otros dos se conocen familiares de segunda y tercera generación que están también localizados y al corriente de esta iniciativa.
Una vez los restos exhumados, se trasladarán al Laboratorio de Arqueología Forense de la Universidad Autónoma de Madrid, para ser limpiados y ordenados convenientemente. Aquí se les extraerá material genético para su identificación positiva por genotipificación. Una vez identificados los restos, serán entregados a sus familiares.
En el caso de que los restos estuvieran superpuestos, movidos y fuera imposible identificar algún hueso con total seguridad, o que algún familiar rehusara recibir los restos, se inhumarían en el cementerio de Chinchilla, en espacio cedido por el ayuntamiento, debidamente identificados, a lo que el ayuntamiento ya ha mostrado su aceptación.
ANTECEDENTES DE LA LOCALIZACIÓN DE LA FOSA:
A mediados del mes de marzo de 2023, junto con familiares de los represaliados, de la Asociación de Memoria Histórica de Madrigueras, Chinchilla de Monteragón y comarca, constituida a tal efecto, estuvimos en el cementerio junto con el enterrador del pueblo, que-a su vez- es hijo del enterrador que estaba en activo cuando sucedieron los hechos, ya fallecido.
En efecto conocía la existencia de estas fosas y detalles de todos los acontecimientos que se relatan como antecedentes de los hechos, alguno de ellos, narrado por él mismo.
Aparentemente el lugar de fusilamiento eran las mismas paredes del cementerio o sus inmediaciones. En aquel tiempo el cementerio estaba alejado del pueblo, en su extrarradio, y a trasmano del núcleo habitado, a los pies del castillo que era desde hacía tiempo, uno de los penales más duros de España y que la república había llegado a cerrar, aunque se rehabilitó para la represión tras la guerra civil. La narrativa y circunstancias casan muy bien con la práctica atestiguada en otros puntos de España y compatible con las condiciones del espacio de enterramiento, apartado de la vista directa de la población.
El cementerio civil, donde irían al menos las cuatro primeras víctimas, ocupaba un recinto minúsculo, adosado al cementerio actual, que probablemente es más antiguo pues se trataba de un cementerio religioso. Como también hemos atestiguado en otros casos, se aprovecha la diferencia de alturas, la pendiente del terreno para ubicar este cementerio no católico a una cota inferior al cementerio, de manera que queda claramente separado del mismo, con el que ni comparte ni siquiera rasante (la misma tierra, que de eso se trata), ya que no se debe de tratar como si fuera un “suelo sagrado”. Este cementerio medía unos 30 m2.
Desconocemos el número de individuos inhumados en él, alguno de los cuales podría haber muerto de forma violenta, incluso por arma de fuego; pero suele tratarse de suicidios, cuyas lesiones son claramente diferenciadas de los fusilamientos. En todo caso, buscamos una fosa común con cuatro personas de edades bien definidas. No debería haber problemas especiales en su localización, ni menos para su identificación.
En caso de que durante las tareas de localización de la fosa o su exhumación se encontraran restos de algún individuo de los no buscados, se ofrecerá al ayuntamiento la posibilidad de exhumarlo para llevarlo a una fosa en el interior del cementerio actual, pues como tal cementerio civil ya no existe y queda fuera del recinto funerario.
SUGERENCIAS DE UBICACIÓN DE LA FOSA:
Ambas fosas I y II están, indiciariamente, en el exterior del cementerio actual. Ocupando el “corralillo” o cementerio civil, en el caso de la I y, probablemente contigua, la II.
El estudio de prefosas que realizamos en LafUAM a partir de análisis de imágenes, ha ofrecido indicios suficientes para ello. De una parte partimos de una imagen de 1938, tomada por la Legión Cóndor para el gobierno sublevado, en el que se observa el estado del cementerio durante la guerra, incluida la fosa de falangistas, posteriormente exhumada, que llevaba unos dos años ocupada. Por otra parte contamos con una imagen del denominado “vuelo interministerial”, un vuelo realizado por los norteamericanos en 1945 y regalado al gobierno del general Franco para su uso “agrícola”, si bien se cuenta con que se trata de un vuelo de inteligencia, realizado en torno al 43 o 44, coincidente con la invasión americana de Europa por Italia y anterior a Normandía; que se “regaló” posteriormente.
Del análisis de ambas imágenes, se observa una anomalía en el cementerio civil, sugerente de poderse tratar de una fosa doble. Y se observa una frecuentación, en el vuelo americano, del espacio alrededor del cementerio civil y un poco más allá, sin ninguna explicación técnica, pero sí compatible con el acceso desde el exterior al corralillo y a la segunda fosa.
Por otra parte, contamos con el testimonio del enterrador (recientemente jubilado) hijo, a su vez, del anterior enterrador y en activo en los momentos que se tratan. Él confirmó que era el lugar de enterramiento.
AFECTACIÓN DEL CEMENTERIO:
Al quedar fuera del perímetro del actual cementerio, no se prevé ninguna afectación de enterramientos actuales, por lo que no es necesario tomar medida alguna precautoria. Por esta razón no se tiene previsto contar, de entrada, con un médico tanatólogo para cubrir las eventualidades del trabajo en un cementerio.
Por el contrario, sí es posible el encontrar restos en el cementerio civil; por lo común, algún suicida, si es que lo hubo, y nonatos o bebés muertos antes del bautismo, si es que los hay. En tal caso, sería ocasión de dejarlos en el interior del cementerio actual; en lugar habilitado por el ayuntamiento que ya está en antecedentes y acorde con esta eventualidad.
DIFICULTADES PREVISIBLES:
El antiguo cementerio civil, al exterior del actual y a un nivel de más de tres metros, ha sido utilizado recientemente para apoyar sobre sus muros ya derruidos (y a modo de cimentación) de una pared muy ligera que sirve de hueco (subestructura) sobre el que ubicar una habitación a ras de cementerio actual; habitación que usan de almacén los servicios funerarios. La parte inferior, abierta, se dejó para enmascarar un cenicero donde se queman los restos no cadavéricos exhumados, notablemente los ataúdes y otros que no se reinhuman.
Esta obra, que tiene apenas unos años, no interfirió en absoluto el subsuelo del corralillo, sino que lo perimetró y dejó abierto, según testimonio directo del enterrador que nos aclara suficientemente su estado de preservación. Por el contrario, sí que se llegó a afectar al espacio hipotéticamente de la fosa II, pero inmediatamente se paró la remoción a indicación del enterrador, que conocía la situación y había previsto que pasara. Los huesos aparecidos de esta fosa II, según su testimonio, están cubiertos in situ a petición suya. No obstante, esta fosa no se va a intervenir.
Igualmente se hizo una plataforma de hormigón para que los volquetes o “dumper” de obra pudieran acceder por la entrada accesoria que había entre el cementerio religioso y el corralillo. Por aquí se entraba y salía durante las obras de ampliación y remodelación. Dicha plataforma subsiste y está al vacío, no se demolió a pesar de que se tapió la puerta que podía unir ambos espacios funerarios (que desde hace decenios no son tales, pues el civil ha decaído
en uso), puesto que se supone que si fuera necesario, se podría volver a tirar la tapia y que pudieran acceder de nuevo volquetes de obra, sin afectar el funcionamiento del conjunto.
Si fuera menester, se trabajaría en el espacio bajo esta plataforma (de dos rampas contrapuestas) que salva los casi tres metros de entre cementerio actual y corralillo.
Por lo tanto, tenemos bastantes datos consistentes sobre la ubicación de ambas fosas, especialmente la que nos interesa, en un espacio acotado, no tocado, del que sólo hay que retirar la parrilla de quemar los ataúdes, que se reintegraría después. No hay obstáculos insalvables para realizar la intervención, tenemos garantías de ubicación de la fosa, y el estado de los restos dependerá de lo sucedido entre 1939 y 2015.
Queda por evaluar los trabajos previos a la exhumación: retirada de la parrilla del cenicero, levantamiento (picado) del suelo de cemento y recolocación de ambos tras la exhumación.
DESARROLLO DE LOS TRABAJOS:
Los trabajos de exhumación se llevarán a cabo con voluntarios del LafUAM, estudiantes de arqueología forense del máster de Arqueología de la UAM y del propio LafUAM; junto con otro personal, como el Dr. Mora Urda, de la U. Francisco de Vitoria o antiguos miembros del LafUAM, como Consuelo Beléndez, actualmente el en área de cultura del ayuntamiento de Albacete y con experiencia en exhumaciones anteriores.
Los protocolos de trabajo son los que se emplean en el Laboratorio de Arqueología Forense, basados en los protocolos internacionales más reconocidos, como The Missing, de la Cruz Roja Internacional o los originales del Equipo Peruano de Antropología Física, el del Equipo Argentino, adaptados a los protocolos españoles en materia de exhumaciones judiciales.
Los restos, una vez exhumados, serán trasladados al propio LafUAM, en donde estarán el tiempo necesario para su atemperamiento paulatino al nuevo entorno exhumado, en humedad y temperatura controlados, pero preservando la integridad biológica de los restos que haga posible su estudio posterior.
Se solicitará a los familiares de los 4 individuos permiso para retirar un molar, a elección del equipo de trabajo, para la extracción de material genético y su envío al laboratorio elegido, necesariamente calificado en orden a validar sus resultados. Paralelamente se tomarán muestras de los familiares elegidos para el cotejo genético. Trabajo que ya se está preparando.
Una vez extraído el material genético, los restos serán limpiados cuidadosamente, catalogados e inventariados y posteriormente estudiados para su identificación métrica. Una vez realizado este trabajo de identificación, los restos óseos serán entregados a sus familiares. En el caso de que haya huesos de imposible adscripción a un individuo concreto, por aparecer entremezclados o fragmentados, o simplemente ante la duda razonable de ello, se separarán de los indubitados y se reinhumarán en el espacio del cementerio que el ayuntamiento provea; perfectamente identificados como restos no atribuidos de la fosa común. El objeto de esta precaución es la de devolver a los familiares exclusivamente los restos que seguro pertenezcan a su familiar.
Finalmente se elaborará la memoria correspondiente de la intervención.
Una parte de las labores de detección, rastreo, seguimiento, exhumación y estudio, serán objeto de estudio por parte de estudiantes de la Universidad Autónoma, como parte de sus tesis de Grado o de Máster, e hipotéticamente de tesis doctoral. En tal caso los trabajos estarán obligados a mantener las reservas de confidencialidad y anonimato, así como cumplir con las normas de ética exigibles en estos casos y que están garantizadas por la normativa de la propia universidad Autónoma; como ya ha sucedido anteriormente con trabajos similares.
El equipo del Laboratorio de Arqueología Forense de la Universidad Autónoma cuenta con larga y acreditada experiencia para llevar a cabo estos trabajos de exhumación, desde su fase de estudio previo, prospección, exhumación y estudio antropológico de los restos. Desde 2002 ha realizado numerosas intervenciones en fosas de varias comunidades autónomas, notablemente en la comunidad de Castilla-La Mancha.
En las paredes del Cementerio de Chinchilla según planos y fotos de los años 1940 se podían
observar la existencia de 3 fosas comunes.
Fosa 1:Es en la que se empezó la excavación con vistas a exhumar por parte del equipo de
Arqueología Forense de UAM a los 3 individuos de
Madrigueras (José Tendero, José Sahuquillo y Dídimo Martínez) y tras 3 días de trabajos y
llegando al fondo de la fosa (foto nª3), no se encontraron restos por lo que el equipo de
arqueólogos se dirigieron al archivo de Chinchilla llegando a la conclusión de esa fosa pudiera
corresponder a la 807/2009 que contenía posiblemente 8 víctimas que el 21/03/1959 fueron
trasladadas al Valle de Cuelgamuros. A esta fosa corresponde las fotos 1,2 y 3.
Fosa 2: 423/2009
La fosa se encontraba ubicada en la puerta trasera del cementerio de Chinchilla (foto 4). Según
estudios esta fosa comprendía un número indeterminado de cuerpos que procedían de
fusilamientos y muertos en cárceles locales, del año 1939. Tras los estudios y posterior
exhumación por el equipo de Arqueología Forense de la UAM; realizados y dirigidos por Ángel
Fuentes Domínguez (Catedrático del Laboratorio Arqueología Forense de la UAM), solo
aparecen 3 cuerpos que fueron fusilados el 7 de Agosto de 1939 y se corresponden con los
individuos: José Tendero Martínez, José Sahuquillo Valera y Dídimo Martínez Ponce.
Fosa 3: Esta fosa según algunos estudios pertenece a los individuos muertos por enfermedades
en el penal de Chinchilla. Se estima que el número de víctimas es aproximadamente de 24
personas. Esta fosa se encuentra pendiente de exhumar














