Aunque el 1 de abril de 1939 el general Francisco Franco daba por terminada la Guerra Civil, la paz estuvo muy lejos de llegar al país. La fuerte represión supuso que muchos militares republicanos buscaran refugio en las zonas montañosas de los Montes de Toledo, al igual que ocurrió en el resto de España. A ellos se unieron huidos de las cárceles franquistas, que fueron formando, hasta 1944, pequeñas partidas que actuaban con independencia, sin organización política y, en un primer momento, por pura supervivencia. Sus principales actuaciones se centraron en el robo en casas de campo para proveerse de alimentos, dinero y armas y, en ocasiones, secuestraron a personas adineradas para cobrar el rescate y comprar determinados productos a sus enlaces.
Entre estos primeros soldados republicanos que se refugiaron en los Montes de Toledo se encuentran Maximiliano Mateo Fernández, Anastasio Rubio Aguado, Jesús Serrano Gómez, etc. Pronto fueron detenidos o muertos, traicionados por sus estrechos colaboradores o en las batidas que la Guardia Civil realizaba por la sierra. En los montes cercanos a Los Yébenes (Toledo) lograron sobrevivir los cuatro hombres de Menasalbas: Domingo Mariblanca García-Díaz “Mariblanca”, Benigno Escobar Gutiérrez “Trascanta”, Modesto Sánchez Ramírez “El Aceitero” y Saturnino Gómez Muñoz “Margallo”, en busca y captura por “asesinatos en el tiempo rojo”.
Estos huidos del primer periodo comenzarán a reorganizarse y, desde finales de 1944, nace la lucha guerrilla como tal, en el momento en que el PCE comienza a organizar a las partidas de guerrilleros como un ejército para luchar abiertamente contra el régimen. Cada agrupación estaba compuesta por varias divisiones, que a su vez estaban integradas por distintas partidas de guerrillas que se movían por las zonas montañosas tratando de sobrevivir y realizando acciones contra el régimen franquista.
Autora: LPG