A comienzos del siglo XX tuvo un gran desarrollo el sector bancario en Ciudad Real. La actual Plaza del Pilar era el centro bursátil de la capital, donde se situaban el Banco de España, Banco Central y Banco Español de Crédito. El edificio del Banco de España se construyó en 1904, según proyecto del reputado arquitecto Sebastián Rebollar, que había construido años antes algunos de los edificios más populares de la ciudad, como el Palacio Provincial y el Casino. El Banco de España se había creado en 1856, fruto de la fusión del Banco Nacional de San Carlos y del Banco Español de San Fernando, para dirigir la política monetaria. A finales del siglo XIX contaba ya con una extensa red de sucursales, llegando a tener 69 en los primeros años del siglo XX repartidas por todo el país.

Al comienzo de la guerra, la sucursal del Banco de España aumentó considerablemente sus reservas con las procedentes de la sucursal de la localidad extremeña de Don Benito, como informaba la prensa: “Ayer, procedentes de D. Benito, fueron transportados a esta capital los fondos que existían en la sucursal del Banco de España de aquella localidad, los cuales fueron ingresados en la sucursal de dicho Banco existente en esta población. El importe de la cantidad trasladada asciende a unos seis millones de pesetas, y el motivo del traslado se ha hecho en evitación de que cualquier avión faccioso intentara el bombardeo del edificio de dicho centro en la población extremeña”[1].

En toda la provincia había establecidas entonces ocho entidades bancarias comerciales: Banco Español de Crédito, Banco Central, Banco Hispano‑Americano, Banco Popular, Banca Viuda de Enrique Morales, Banca Sánchez Izquierdo, Banca Martín Moreno y Casa Banca de Antonio Beneytez. Estas cuatro últimas entidades tenían carácter local, las tres primeras eran propiedad de familias de la capital y la última de Valdepeñas. La única caja de ahorros era la Caja de Ahorros Provincial de Ciudad Real, dependiente de la Diputación Provincial, que tenía sus instalaciones en su propio palacio. Además, Valdepeñas contaba con otra sucursal del Banco de España, inaugurada en 1928.

El Gobierno republicano intentó canalizar en beneficio del esfuerzo bélico todos los bienes susceptibles de materializarse en medios de pagos exteriores. Aunque “en los turbulentos primeros meses de la guerra las incautaciones de bienes se habían desarrollado ya, al margen de toda legalidad, tanto para algunas organizaciones políticas y sindicales como por los numerosos grupos incontrolados que, al calor del caos político, habían ejercido el dominio real de las calles”[2].

Por decreto de 3 de octubre de 1936 se obligaba a todas las personas de nacionalidad española a entregar al Banco de España, en el plazo de siete días, todo el oro, divisas o valores extranjeros de que fuesen poseedores. En el caso de las divisas, el Estado las adquiriría al cambio señalado por el Centro Oficial de Contratación de Moneda (COCM). En cuanto al oro y los valores extranjeros, el cedente podría elegir entre venderlos al Estado y recibir su precio en pesetas al cambio oficial o bien entregarlos en depósito[3]. Hasta finales de enero de 1937, como consecuencia del decreto anterior, se ingresó en la caja de la sucursal del Banco de España de Ciudad Real un total de oro amonedado o en pasta por valor de 72.491,24 pesetas. De ellas, 57.460,64 eran en concepto de venta. Dejadas en depósito, 15.030,60[4]. En la sucursal del Banco de España de Valdepeñas los pueblos de esa extensa zona ingresaron un total de 69.546,94 pesetas en oro, 23.721,60 en concepto de compra y 2040 en depósito[5]. Las compras y ventas de oro efectuadas en ambas sucursales por cuenta del Tesoro hasta el 31 de diciembre de 1937 fueron, en pesetas: nominal de oro comprado, 57.460,64 en Ciudad Real y 40.817,78 en Valdepeñas; nominal de oro vendido, 2.575 en Ciudad Real y 15.050 en Valdepeñas[6].

A partir de 1937, “efectuada ya la venta en Francia de una parte de las reservas metálicas oficiales, y evacuado a Cartagena el resto, el Gobierno republicano endurecería sus exigencias en materia de cesión al Estado del oro y divisas. Las necesidades de recursos para el sostenimiento del esfuerzo de guerra eran perentorias, y se haría preciso recabar de forma imperativa los existentes en manos privadas. En esta línea, un Decreto de 4 de enero obligaría a todos los Bancos que tuvieran en su poder oro, divisas o valores extranjeros a remitirlos a la central del Banco de España –para entonces ya instalada en Valencia–, e igualmente se les exigía que cedieran al COCM todas las divisas que en el futuro recibiesen por cualquier causa dentro de los ocho días desde su adquisición (obligación que otra norma de 15 de marzo haría extensiva a los establecimientos de crédito y Montes de Piedad)”[7]. Los bancos de Ciudad Real entregaron en la sucursal del Banco de España hasta el 31 de enero oro por valor de 38.582,35 pesetas. El importe satisfecho a cambio fue de 113.115,62 pesetas[8].

Por último, una orden de agosto de 1937 obligaba a todas las personas propietarias de joyas, piedras preciosas, perlas o metales preciosos a entregarlas en depósito sin más excepción que la de determinados objetos de uso corriente. Los comités del Frente Popular de toda la provincia, siguiendo las directrices de la disposición anterior, hicieron entrega en 1937 en las sucursales del Banco de España de 54.041,90 pesetas en alhajas y 208.402,53 en metálico. En 1938, de 28.564,75 y 51.021,19 pesetas, respectivamente[9].

La escasez de la moneda fraccionaria provocó que casi todos los consejos municipales de la provincia decidieran la fabricación y puesta en circulación de vales garantizados con idéntica función que la moneda en el término municipal, como ya se venía haciendo en toda la España republicana. En la capital de la provincia se aprobó en sesión de 12 de junio de 1937 la fabricación y puesta en circulación de 200.000 vales de 0,25 pesetas en cuatro series de 50.000; 100.000 vales de 0,50 pesetas cada uno en dos series de 50.000; y otros 100.000 vales de 1 peseta cada uno, en dos series de 50.000, o sea, un total de 200.000 pesetas. Quedaban garantizados con fianza por cantidad igual a su importe total, depositada en la sucursal del Banco Central[10]. En la sesión de 31 de julio se acordó extender su uso a Cañada de Calatrava. El expresado papel moneda fue confeccionado en los colores azul (0,25), café (0,50) y rojo (una peseta). En el anverso aparecía litografiado el escudo de Ciudad Real y en el reverso la Puerta de Toledo[11].

En enero de 1938 el Gobierno estimó resuelta la oferta monetaria, por lo que ordenó la retirada de todos los vales, monedas, billetes y bonos de emisión local, y su sustitución por la moneda y billetes emitidos por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Los distintos consejos municipales fueron aprobando la recogida del papel moneda emitido por ellos. En la capital, en virtud del acuerdo aprobado en sesión de 14 de mayo, “se procedió a la quema y destrucción de los valores emitidos según consta en acta notarial de fecha 27 de Mayo de 1938 de los valores canjeados ascendentes a 120.800 pesetas y el resto de 79.200 Ptas. pendientes de canje por hallarse en el mercado se archivarían según fueran canjeados en la Entidad bancaria antes expresada [Banco Español de Crédito]”[12].

Todo parece indicar que el dinero volvió a fluir por la provincia. Prueba de ello es el remanente de pesetas que en papel moneda quedó en las sucursales del Banco de España en Ciudad Real y Valdepeñas al finalizar la contienda: 277.638.937 y 197.982.270, respectivamente[13].

El esfuerzo económico que se hizo pagar a la población durante la guerra fue enorme. Prácticamente fueron despojados de todos sus bienes. Al principio su ayuda sólo se limitó a realizar aportaciones en las diversas suscripciones populares, tan de moda por esos días. Nadie podía negar fondos para tan benéficos fines. Sobre todo porque las listas de suscriptores aparecían a diario en la prensa. No sin cierta mofa debe leerse la opinión oficial al respecto en los primeros días de guerra: “Al recibirnos el señor Maeso, por ausencia del señor gobernador –decía la información de El Pueblo Manchego–, nos ha manifestado hoy que constara en nuestras columnas la satisfacción con que está viendo la actitud de las clases acomodadas de esta capital, las cuales están respondiendo de manera brillante con sus donativos a la suscripción abierta en el Gobierno en favor de las Milicias, demostrando con ello una cordura y amor al Régimen digna de alabar”[14].

Cualquier motivo bastaba para iniciar una suscripción popular: las Milicias, el Hogar Infantil, la Tómbola Benéfica, etcétera. La clase económicamente alta no dudó en engrosar sus caudales. Parecía la situación vivida durante la Dictadura de Primo de Rivera, con numerosas suscripciones en favor de instituciones culturales como el Ateneo y el Orfeón Manchego, por ejemplo. Los nombres que publicaba la prensa eran similares en uno y otro caso. Pero el motivo era bien distinto. Si durante la dictadura sólo buscaban el prestigio social, en la guerra civil las clases acomodadas no pretendían más que salvar su poco preciada vida.

Tenemos algunos ejemplos de las “aportaciones voluntarias” que nos ofrecen las reclamaciones que algunos ciudadanos se atrevieron hacer ante los organismos oficiales a las incautaciones de sus bienes. Intentando mostrar su colaboración con el régimen, ofrecían relación de sus “generosas donaciones”[15]. Andrés Olivas Gómez alegaba ante las incautaciones de sus fincas Bienvenida y Torrecilla, de la capital, que había “contribuido a los gastos de guerra, con importantes cantidades en metálico; he dado camas, colchones y ropas de abrigo para las milicias; he enviado víveres y subsistencias; y en fin desde que a Ciudad Real llegaron en el mes de Septiembre los primeros evacuados de Extremadura, no han faltado en el hogar de diez a veinte de esos refugiados, a quienes he facilitado y vengo facilitando la manutención y alojamiento”.

Ponciano Montero Sánchez y Lorenzo Montero Buiza, comerciantes a los que se incautaron varias fincas urbanas de la capital, alegaban que “ambos contribuimos a la primera suscripción iniciada en el Gobierno Civil con 200 pesetas y a la segunda con 700; a la Excelentísima Diputación Provincial con 6000 para su empréstito; a la Cámara de Comercio constituida en Asamblea de comerciantes con 1000; al Cuerpo de Seguridad con 250; a las Juventudes unificadas con 200; contribuimos también semanalmente con el 3 % de todas nuestras ventas, venimos prestando asistencia y alimentación a 14 alojados durante dos meses, hemos contribuido a cuantos espectáculos benéficos se han organizado por el Frente Popular, y facilitado también géneros alimenticios, colchones, mantas y ropas para las milicias populares y al Socorro Rojo Internacional, y otras, calculando que entre ambos asciende lo sufragado a la cantidad de 30000 pesetas aproximadamente”.

Aurelia Espadas González, a la que fue incautada su casa en la calle del General Espartero número 4 de Ciudad Real, alegaba que había contribuido con más de sesenta mil pesetas para el sostenimiento de la guerra y para los empréstitos de la Diputación Provincial y Ayuntamiento de la capital. Además, había contribuido con la donación de género de todas clases y con el mantenimiento en dicha casa de doce refugiados. Los empresarios Demetrio y Ricardo Ayala López, a quienes se habían incautado varias fincas urbanas, alegaban haber entregado al Subcomité de Gobernación cincuenta mil pesetas y a las milicias de la capital y otros pueblos más de veinte mil. Para el empréstito de la Diputación colaboraron con cien mil pesetas. También ofrecieron más de mil sacos de harina de sus fábricas y diez y seis toros bravos para festivales en Ciudad Real y Almagro, y treinta y siete becerros para festivales en Ciudad Real, Carrión, Almadén, Poblete, Manzanares, Valverde y Torralba de Calatrava. A estas donaciones se sumaban, entre otras, “ciento noventa y tres cabezas de ganado vacuno bravo requisadas por el Ministerio de la Guerra”. De nada les sirvieron las donaciones a estos dos populares empresarios y propietarios, ni siquiera para salvar su vida, pues fueron asesinados en los últimos días de 1936.

También hubo recaudaciones “solidarias” de colectivos de funcionarios o trabajadores, descontadas de la nómina. Por ejemplo, todos los funcionarios de la Audiencia y Juzgados de la capital y provincia contribuyeron con novecientas setenta y cinco pesetas a la suscripción Pro Frente[16]. Los funcionarios del Juzgado de Instrucción de Almadén justificaban su sacrificio “para coadyuvar al remedio de los trastornos ocasionados por la rebelión”.

Aparte de estas entregas “voluntarias”, las cuentas corrientes de muchas personas, asociaciones e instituciones religiosas sufrieron expolio y quebrantamientos en sus depósitos, por un valor total de 893.195 y 637.583 pesetas, respectivamente. De los depósitos quebrantados, a destacar uno de quinientas mil pesetas en Valdepeñas, consistente en la corona de la virgen de las Nieves. El resto eran principalmente de alhajas y oro.

 

 

QUEBRANTAMIENTOS DE DEPÓSITOS Y CUENTAS CORRIENTES (en pts.) EN LAS ENTIDADES BANCARIAS DE CIUDAD REAL
Entidad bancaria Sucursal Tipo Titulares Valor
Banco de España Ciudad Real Depósitos 9 98.960
Banco Español Crédito 3 108.000
Puertollano 1 12.200
Banco Hispano Americano Valdepeñas 11 174.035
Banco de A. Beneytez 1 500.000
Banco Popular Previsores Porvenir La Solana c/c 1 3.915
Alcázar 2 15.054
Banco Central 8 479.404
Banco Español Crédito 1 1.610
Manzanares 2 18.457
Banco Hispano Americano 3 83.389
Tomelloso 2 35.754

Fuente: Centro Documental de la Memoria Histórica: Causa General de Ciudad Real, Pieza núm. 9.

Elaboración propia.

 

La entrega del dinero siempre se hizo guardando las formas legales. Así lo aclaraba el director del Banco Central en informe de 1939: “En cuanto a los depósitos de efectivos, en el mismo período, se han realizado extracciones cuyo importe era destinado a cubrir las cuotas que por el Presidente de la Diputación, Junta o Comité de Defensa, Organizaciones de Batallones, etc. eran señaladas a los titulares de las cuentas corrientes o de ahorro, etc. para atenciones de sanidad y otras  –decían –, pero estas extracciones han sido realizadas en todo momento mediante el documento que el Banco tiene señalado al efecto y cuyos documentos han sido siempre firmados por los legítimos propietarios de la cuenta”[17].

Los ciudadrealeños también contribuyeron económicamente a financiar la guerra por medio de un impuesto especial, la Contribución al Beneficio Extraordinario de Guerra, al que estuvieron sujetos numerosos comerciantes e industriales de la provincia. Las reservas de oro del Banco de España y las incautaciones no eran suficientes. Entre 1936 y el primer trimestre de 1938 sólo en la capital se recaudaron un total de 136.081,24 pesetas[18].

El Ayuntamiento de la capital recibió gran parte de estos fondos procedentes de las clases más acomodadas de la ciudad. En la sesión ordinaria de 21 de enero de 1937 se aprobó un presupuesto extraordinario a base de las dos millones cincuenta mil pesetas recaudadas entre los vecinos que se destinaba a obras de urgente necesidad para la población, como construcción de un nuevo mercado, distribución de agua y alcantarillado y pavimentación de calles y plazas, principalmente[19]. A pesar de tener en su poder la Corporación Municipal el total del dinero, la situación bélica por la que atravesaba el país, cada vez más dura, hizo que se olvidase la acometida de esa serie de mejoras en la ciudad. No era el momento más oportuno. Lo único que llegó a realizarse fue la preparación del terreno donde habría de ubicarse el nuevo Mercado, obra que se realizaría tras la guerra. El marqués de Casa Treviño, asesinado en diciembre, donó en el mes de septiembre de 1936 el solar situado entre las calles de los Reyes, Capitán García Hernández y Juan II. En la sesión del 26 de dicho mes el alcalde explicaba cómo se había llevado a efecto la donación, “diciendo que con el beneplácito del Sub-Comité de Gobernación y en unión de varios señores Concejales se personaron en casa del Sr. Treviño para proceder a la incautación de dicho huerto‑solar, y ante las indicaciones que se le hicieron, voluntaria y espontáneamente dijo que lo cedería por escritura pública ante Notario”[20].

 

 

 

 

[1] El Pueblo Manchego, 19 de agosto de 1936, p. 4.

[2] EGUIDAZU, Fernando, “Moneda y control de cambios en la guerra civil”, en La Guerra Civil. Madrid, Historia 16, 1986, vol. 16, p. 121.

[3] Por una nueva norma de 13 de febrero de 1937 se anulaba la posibilidad de elección. Todos los activos quedaban apropiados por el Estado.

[4] Archivo Histórico del Banco de España, Sección de Intervención, Leg. 9597, Carp. 2.

[5] Archivo Histórico del Banco de España, Sección de Intervención, Leg. 9597, Carp. 2.

[6] Archivo Histórico del Banco de España, Sección de Intervención, Leg. 9597, Carp. 1.

[7] EGUIDAZU, Fernando, “Moneda y control de cambios en la guerra civil”, en La Guerra Civil. Madrid, Historia 16, 1986, vol. 16, p. 121.

[8] Archivo Histórico del Banco de España, Sección de Intervención, Leg. 9597, Carp. 2.

[9] Archivo Histórico Nacional, Fondos Contemporáneos, Ministerio de Hacienda, Leg. 4665 (1). En el Archivo Histórico del Banco de España (Intervención, Leg. 9422, Carp. 1) se conserva un documento sobre la cancelación en 1972 de las cuentas de depósitos de alhajas expoliados durante la guerra.

[10] Archivo Municipal de Ciudad Real, Libro de Actas del Ayuntamiento, p. 66.

[11] Centro Documental de la Memoria Histórica, Causa General Provincia Ciudad Real, Pieza 9, Banca. Caja 1.033 (2). “Informe del Interventor del Ayuntamiento”. Mayo de 1942.

[12] Centro Documental de la Memoria Histórica, Causa General Provincia Ciudad Real, Pieza 9, Banca. Caja 1.033 (2). “Informe del Interventor del Ayuntamiento”. Mayo de 1942.

[13] Archivo Histórico del Banco de España, Intervención, Leg. 9.422, Carp. 2. Todos estos billetes, puestos en circulación por el enemigo, fueron quemados en los hornos de la Cooperativa Provincial del Campo en febrero de 1972. Del total de la provincia, de Daimiel eran 159.500 pesetas, según consta en documento de entrega al Banco de España (Archivo Municipal de Daimiel: AH-365-7-5).

[14] El Pueblo Manchego, 31 de julio de 1936, p. 1, “Dice el Gobernador”.

[15] Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real, Hacienda, H 3249.

[16] Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real, Justicia, J-62 C.

[17] Centro Documental de la Memoria Histórica, Causa General Provincia Ciudad Real, Pieza 9, Banca. Caja 1033 (2).

[18] Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real, Sección de Hacienda, Intervención. “Libros de Contribución al Beneficio Extraordinario de Guerra”, años 1938 y 1939.

[19] La recaudación se había hecho en concepto de préstamo, sin intereses y a devolver en cuarenta años. La relación de todos los vecinos que contribuyeron a formar tal presupuesto, así como la cantidad que aportaron, aparece en un documento que envió el Ayuntamiento al Fiscal de la Causa General y que se conserva en el Centro Documental de la Memoria Histórica: Causa General Provincia Ciudad Real, Pieza 9, Banca, Caja 1033 (2).

[20] Archivo Municipal de Ciudad Real, Libro de Actas del Ayuntamiento, p. 151. Una copia de la escritura pública de la donación del solar al Ayuntamiento se conserva en la Sección Bienes Inmuebles, Caja 4, del mismo archivo.