La conspiración en Ciudad Real estuvo liderada por civiles, ya que la Guardia Civil se mostró dubitativa y no había guarnición militar que pudiera tomar las riendas. El plan de los conspiradores consistía en iniciar la sublevación para ganarse el apoyo de la Guardia Civil, ya que esta fuerza era la más numerosa y estaba repartida por toda la provincia, mientras que los grupos carlistas y falangistas eran minoritarios y en la mayor parte de los pueblos estaban desorganizados. Así, aunque en algunas poblaciones hubo intentos de unirse a la sublevación, en todas fueron desbaratados. De las 97 localidades de la provincia, sólo en dos pudieron los sublevados hacerse con algunas instituciones locales por un breve periodo de tiempo. Este fue el caso de Arenas de San Juan, que además protagonizó los enfrentamientos más graves de Ciudad Real. Su alcalde, Antonio Rincón, a pesar de ser de Izquierda Republicana, lideró la conspiración junto a un pequeño grupo de falangistas y simpatizantes, y, cuando esta estalló y el Gobierno le ordenó entregar armas a las fuerzas de izquierdas, se negó. El 23 de julio, milicias procedentes de la capital y de otros pueblos acudieron al Ayuntamiento a desalojar a los rebeldes, que pusieron una ametralladora en la torre de la iglesia para impedir el acceso de los milicianos. Así estalló una cruenta batalla entre atacantes y defensores que acabó en pocas horas y causó un gran derramamiento de sangre: fueron ejecutadas familias enteras, entre ellas la del propio alcalde.
Autora: ACP