Uno de los lugares clave para la defensa de Guadalajara por parte de los sublevados fue el Colegio de Huérfanos, con sede en el Palacio del Infantado desde 1879. En este lugar se aglutinaron los civiles que apoyaban la sublevación, muchos de ellos reclutados en pueblos de la provincia y que habían acudido en los días posteriores al golpe a la capital. Saturnino del Castillo Yusta, empleado de Hacienda, reclutó a cuarenta jóvenes de Torija, a los que trajo a Guadalajara en dos camiones. A estos elementos civiles se les proporcionó un fusil y cincuenta cartuchos para que participaran en la batalla.
Tras unos días de indefinición, el comandante Ortíz de Zárate decidió el 21 sumarse a la rebelión, detuvo al Gobernador Civil y proclamó el estado de guerra en la provincia. El control sobre la capital, sin embargo, sólo duraría un día.
El 22 de julio, las tropas del general Puigdendolas atacaron y tomaron Guadalajara para los leales. Algunos de los sublevados fueron ejecutados en el acto, muchos de ellos en los propios cuarteles o edificios que, como el Colegio de Huérfanos, les habían servido de puntos clave desde los que ejercer la defensa de la ciudad. Las imágenes de la toma de Guadalajara muestran el patio del colegio sembrado de cadáveres de los defensores asesinados tras el triunfo de los asaltantes.
Autora: ACP

